Mostrando entradas con la etiqueta toros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta toros. Mostrar todas las entradas

15/9/15

Otra carta no publicada por El País

Ayer lunes envié al periódico la carta que a continuación trascribo y que, por supuesto, no me han publicado. Alguna relación tiene esta carta con mi post anterior.

«No está mal que al cabo de 40 años, más o menos, de publicación de EL PAÍS se descuelguen con un editorial [aquí] contra la salvajada del toro de la Vega. Más vale tarde que nunca, pero ¿por qué ahora? Claro que quizás lo hayan venido escribiendo cada año, con ocasión de la 'fiesta', y yo no me haya enterado. La última frase del oportunista editorial es de traca: "el maltrato por diversión de un animal hasta provocarle la muerte no es una tradición digna de mantenerse". Y a mí que me parece que esto es de aplicación a las corridas de toros de las que el diario da cumplida información. El mismo diario que tiene colaboradores que, con mucha filosofía, defienden la indefendible fiesta nacional».

6/9/15

Breve

[IX]

Cansado Savater de repetir los argumentos a favor de la indefendible fiesta nacional que aburren a las ovejas (antitaurinas), no sabemos cómo se los tomarán los toros, decide aportar otro, recurriendo, à rebours, —columna Barbarie, El País, 05/09/15— a la Iglesia, a Bildu y a Hitler: lo prohibido por estos no puede ser malo del todo. No está mal como argumento de un profesor de filosofía.

8/5/13

La tauromaquia según Mairena

«Vosotros sabéis [habla Mairena a sus alumnos] mi poca afición a las corridas de toros. Yo os confieso que nunca me han divertido. En realidad, no pueden divertirme, y yo sospecho que no divierten a nadie, porque constituyen un espectáculo demasiado serio para diversión. No son un juego, un simulacro, más o menos alegre, más o menos estúpido, que responda a una actividad de lujo, como los juegos de los niños o los deportes de los adultos; tampoco un ejercicio utilitario, como el de abatir reses mayores en el matadero; menos un arte, puesto que nada hay en ellas de ficticio o de imaginario. Son esencialmente un sacrificio. Con el toro no se juega, puesto que se le mata, sin utilidad aparente, como si dijéramos de un modo religioso, en holocausto a un dios desconocido. Por esto las corridas de toros, que, a mi juicio, no divierten a nadie, interesan y apasionan a muchos [¿cada vez a menos?]. La afición taurina es, en el fondo, pasión taurina; mejor diré fervor taurino, porque la pasión propiamente dicha es la del toro».

(Antonio Machado, Juan de Mairena, XXXVI)

La cursiva de la frase del texto citado es mía. Algo así sospecho yo: el aburrimiento mortal, que estará en gran parte vinculado, precisamente, al hecho de que la "Fiesta" sea objeto cultural. Así es que, señores culturaistas, para ustedes la perragorda: los toros son cultura.

25/2/13

De los toros, la libertad y la cultura

En el diálogo que transcribí el pasado sábado se quedaba el taurino-filosofante colgado de los cuernos de la luna, a dónde lo había enviado de una cornada su enemigo (que no 'adversario'). Y de entonces a ahora ¿qué ha habido? Pues, entre otras cosas, artículos de filosofantes-taurinos exponiendo sus sesudos argumentos a favor de que la "fiesta" continúe.
       Pero vayamos a los argumentos de los taurinos. Algunos de esos son tan idiotas que casi no merece la pena ni considerarlos. Como, por ejemplo —que con más o menos disimulo se ha expuesto a veces—, el de descalificar a quien se opone a las corridas por el hecho de ser "nacionalista", que les llaman, como si la falsedad o verdad de lo que digan dependiera del "nacionalismo". Pero, en fin, como digo, el argumento es tan falaz que no merece más atención. ¿Y qué decir del argumento de la "tradición"?: es de los de agárrate a la brocha que me llevo la escalera.
       Entremos en el más consistente, aparentemente al menos, que no es otro que el de la "libertad": "a quien no le gusten los toros, que no vaya". Claro, claro, pero no se haga usted el tonto porque esa no es la cuestión: la cuestión es si en las corridas hay malos tratos al animal y si esos malos tratos son legítimos o no. Así es que el factor 'libertad' de asistencia del público, tan caro a algunos ilustrados y que lo manejan pretendiendo que es incontestable, no hace al caso.
       De la mano del argumento liberal suele venir el de la "cultura", que, como es un concepto con tan buena prensa, los taurófobos se creen en la obligación de rechazarlo, en el sentido de negar que los toros sean cultura, y yendo así a parar al terreno de los taurófilos, en vez de espetar: «muy bien, sea, son cultura ¿y qué? También a veces se habla de "cultura de la violencia" y se rechaza. Así es que ¿por qué habría que aceptar la cultura de los malos tratos al toro?».


14/5/12

Un juicio y un prejuicio

Cuando compré hace más de un año la novela La casa verde, de Vargas Llosa, me puse a leerla para, a los muy pocos días, abandonar la lectura. No debí de llegar a las 100 pág. Como no sería la primera vez que tras el primer intento de lectura de un libro hiciera el segundo con éxito, y, a veces, en este segundo intento, leído con mucho gusto, hace unos días lo intenté de nuevo desde el principio con la novela de Vargas... pero hasta ayer en que llegué a la página 200 y me dije hasta aquí hemos llegado, ya no sigo y abandoné definitivamente la lectura: así es que el libro ¡en su lugar, descanso!, en la librería.
       La novela es un auténtico ladrillo. Conste que a V. L. le he leído como otras ocho novelas (ningún otro tipo de escritos más como ensayo etc. que, oyéndolo como le he oído a veces o leyendo algún artículo de prensa suyo, no me interesa), todas, que yo recuerde, al menos amenas y divertidas de leer, y, desde luego, lo que nunca me había pasado hasta ahora es que se me atragantara ninguna. Y es que, como he dicho antes, es un ladrillo, un pestiño, un tostón... al menos para mí. Tengo entendido que es una novela experimental (¿?) en su estilo, y no es que a mí me echen para atrás los cambios de espacio o de tiempo a lo largo de una narración, algo que ocurre en este caso hasta el abuso, sino que lo que me aburren son los diálogos: farragosos, solapados (¿?), mezclados, apareciendo muchas veces como uno solo cuando en realidad son varios, con numerosas e irritantes elipsis verbales, un experimento en fin al que, por otra parte, no se le ve la necesidad. Hasta aquí el juicio.
       Y ahora, el prejuicio.

Wert, Aguirre, Botella y Vargas Llosa en la inauguración del Espacio Arte y Cultura

       
Según el pie de foto, y el texto de la noticia, también participa el inefable Sánchez Dragó, aunque no aparece en aquella o yo no lo veo. Tal espacio, según el diario que publica foto y noticia, es un pabellón, o carpa, "montado al lado de la catedral del toreo" por la empresa gestora de la plaza de las Ventas, en defensa de esa carnicería denominada tauromaquia. En el texto de la noticia, las consabidas bobadas sesudointelectuales que pretenden justificar la fiesta.
        Por ambos, juicio y prejuicio, no creo que vuelva a comprarle un libro más a Vargas Llosa. Da igual lo que pueda publicar en adelante.

19/4/10

La cena de Vargas Llosa

Ayer publicaba Mario Vargas Llosa en El País un artículo con el título de Torear y otras maldades. Al leer el título, y como no conocía las inclinaciones taurinas de Vargas Llosa, pensé que éste consideraba las corridas una maldad y, por tanto, rechazables. Después de leer el texto, lo que pensé es que el título era irónico, pero luego me hizo dudar de la ironía —y sigo con la duda— y lo que tal vez considere es que son una maldad, pero una más entre otras y, por eso, parece creer, aceptable.
       Bien, sea lo que sea de la ironía o no del ilustre escritor, voy al contenido del artículo que es claramente taurófilo. Y lo es con los argumentos consabidos —tan caros sobre todo a intelectuales—, que no me voy a molestar en comentar, ya lo he hecho en otros posts: la langosta que también sufre cuando la cuecen; el toro que existe gracias a que hay corridas; lo bien cuidado que el animal está; la libertad de los aficionados; la ideología; la tradición; el juego de la muerte y de la vida; etc.
       ¿Y el argumento de la cultura? ¿No lo emplea don Mario? Por supuesto que sí, sólo que en una versión que yo hasta ahora desconocía, porque a la tauromaquia no le llama cultura sino (sic) "alimento espiritual". ¡Ah! ¡Qué sibilina, sugerente y retórica contraposición del autor!: langosta-alimento corporal / toros-alimento espiritual. Sólo que, por si acaso, porque no quita que algo pueda ser "alimento espiritual" para que sea una bazofia, se ha visto obligado a hacer la trampa de poner al mismo nivel de calidad alimenticia espiritual, por un lado los toros y, por otro, "un concierto de Beethoven, una comedia de Shakespeare o un poema de Vallejo". Pero dejemos aparte de una vez toda esta retórica de V. L..
       Lo que me puso los pelos como escarpias fue el último de los argumentos (dicho sea lo de "último" en los sentidos de que es el último que emplea y en el de lo nunca visto: ¡lo último en moda taurina!): "Prohibir los toros [...] reorientará la violencia empozada [lindo esto de la "violencia empozada"] en nuestra condición hacia formas más crudas y vulgares, y acaso nuestro prójimo". Esta última frase no la entiendo muy bien: supongo que se trata de una errata de imprenta y quiere decir algo como "y acaso contra nuestro prójimo". Y prosigue V. L., ironizando: "En efecto, ¿para qué encarnizarse contra los toros si es mucho más excitante hacerlo con los bípedos de carne y hueso que, además, chillan cuando sufren y no suelen tener cuernos?". Es lo que podríamos llamar los toros como homeopatía: si no fuera por las cuchilladas que recibe el toro nos las daríamos cada dos por tres entre prójimos, debido a esa "violencia empozada", como, según sabe todo el mundo, ocurre en sitios donde no hay corridas de toros: he ahí el origen de la violencia; por lo tanto, leña al mono... digo al toro.

P. S. El argumento de la langosta implica que si usted, al mismo tiempo que critica las corridas de toros, no presenta una enmienda a la totalidad a fin de evitar cualquier sufrimiento a cualquier animal, es usted un hipócrita y, por ende, no puede tener usted razón porque lo de menos es lo que usted diga: lo que importa es lo que usted sea; una clarividente forma de razonar de nuestro intelectual escritor.

5/3/10

Devota de Frascuelo

¿Tu amor a los alamares
y a las sedas y a los oros,
y a la sangre de los toros
y al humo de los altares?


(A. Machado, en Campos de Castilla)

No me falla, siempre a la vanguardia, siempre puedo contar con ella, con la Presidente del virreinato madrileño, digo. No se si será devota de María, que ni falta que le hará a Ella, a María, quiero decir. Pero sí en cambio, seguro que es devota de Frascuelo, y se ha descolgado con declarar las corridas de toros bien de interés cultural. (La cosa esta de los "bienes culturales" —con el tufillo a patrimonio, ¿patrimonio nacional?— ya en sí misma se las trae).
       No se sabe, o yo no se ni me he molestado en averiguar, por qué le ha dado por ahí, pero viendo cómo se las gasta la señora no creo que sea por nada ajeno al hecho de que en otro estatículo, gobernado por adversarios políticos —¿enemigos?—, quieren prohibir la "fiesta", pero sobre todo porque, proba-blemente, ha hecho un cálculo electoral y turístico y ha visto un caladero seguro de votos y turistas.
       De todas formas hay que reconocer que es mejor lo de "bien cultural" que lo de "fiesta nacional"... bueno, no se.

P. S. A propósito de toros y patrimonios nacionales. ¿Alguien recuerda cuando un ministro felón quiso retirar hace unos años de las carreteras el toro del anuncio de un coñac? ¡La que montaron los patriotas! ¡Vamos, ni con Gibraltarspañol han llegado nunca a semejantes cotas de patriotismo!

4/3/10

En los cuernos de la luna

(número VII de la serie Diálogos)

(Diálogo —breve, interrumpido accidentalmente— entre toro y torero)

Animal (entiéndase 'toro'). ¡Muuuu!

Torero. No te quejes, toro, de tu suerte que para eso te has pegado la gran vida en la dehesa.

A. Vamos a ver, capullo, ¿justificarías tu el circo de gladiadores por la vida que llevaban, cuidados al máximo por sus guardianes?

T. En todo caso, tu sacrificio no será en vano: servirá para conservar la especie: si no fuera por eso ya habría desaparecido y tú ni siquiera habrías nacido.

A. Lo de la "especie" ¡¡¡me la bufa!!!, y nunca mejor dicho, —intelectual leído y escribido como pareces para hacer tanta filosofía sobre mi muerte— y tiene un cierto tufillo fascistoide. ¿¡Y a mí qué me importa, leidillo, si quien voy a morir soy yo!? Además, la situación a la que aludes es absurda: si 'yo' no hubiera nacido, no sería yo.

T. Pero es que los que quieren...

A. Que nada, hombre, que ya se me están hinchando las pelotas... Te voy a dar yo una especie de cornada...

T. ¡¡¡No, quieto, nooo...!!!

A. ¡Jua jua jua!... digo... ¡muuuu!

                  
Otros diálogos
(I), (II), (III), (IV), (V), (VI), (VIII), (IX), (X), (XI), (XII)

Artículos relacionados:

«'Verdad palmaria'»

Devota de Frascuelo

De la guillotina, los toros, la libertad y la cultura

La tauromaquia según Mairena

29/1/10

«Verdad palmaria»

Revista de prensa

Transcribo sin comentarios, el artículo de hoy de Juan J. Millás en El País.

«Los toros, pueden gustar o no gustar, claro, cada uno es cada uno. Pero sería estimulante que los aficionados a esa expresión cultural hicieran una crítica del gusto. En otros ámbitos admitimos sin problemas que disfrutamos con pasatiempos detestables y nos aburrimos con distracciones admirables. ¿Qué hay de malo en aceptar los aspectos oscuros o mal considerados de nuestras inclinaciones? El maltrato a los animales está mal visto (ya era hora), incluso hay leyes que lo persiguen, aunque estableciendo salvedades. Nada que objetar a las salvedades, la vida es así, no lo he inventado yo, etcétera. También la tortura está prohibida, a menos que la ejerzas en Guantánamo, con gente cuya piel es más oscura que la tuya. Y el terrorismo se persigue de manera implacable, excepto cuando se trata de bombardear Irak. Anomalías culturales, qué le vamos a hacer, lo que no quita para darse cuenta de que el terrorismo es terrorismo incluso si lo practico yo.
       Parece evidente que al toro de lidia se le maltrata. ¿Que a usted le gusta? Nos parece muy bien, no lo vamos a censurar. Pero hombre, hombre, reconozca que las banderillas, las puyas, el estoque y demás instrumentos quirúrgicos hacen daño (además de humillar). En el acto de arrojar una cabra viva desde un campanario hay belleza, no vamos a negarlo. A mí al menos me sobrecoge esa lucha titánica entre el cuerpo del animal y la fuerza de la gravedad (de la que siempre sale vencedora, por cierto, la última), por no mencionar la precisión matemática del movimiento uniformemente acelerado, que se cumple con todas y cada una de las cabras, no importa su condición. Todo eso está muy bien y si a uno le gusta le gusta. Pero hay tortura, hay maltrato, hay vilipendio. ¿Por qué a los taurinos, muchos de ellos intelectuales de pro, les cuesta tanto admitir esta verdad palmaria?»