14/12/11

De José, Moisés, la lotería, vacas, ciclos y más cosas que hallará el curioso lector

Me permito recordar el pasaje del Génesis en el que se cuenta la historia de José revelando el significado de los dos sueños del faraón en los que éste, en el primero, ve siete vacas gordas subiendo por el río seguidas por otras siete vacas flacas que se comen a las primeras. En el segundo sueño, el faraón ve siete espigas de trigo granadas y hermosas, pero detrás brotan otras siete agostadas y quemadas por el viento que devoran a las gordas y hermosas. Solicitado por el faraón el servicio de José, ante su buena fama de intérprete de sueños, para que le interprete los suyos, José lo hace y le dice al faraón que, en realidad, los dos sueños son uno solo, que revelan los planes divinos, y el significado no es otro que el de que tanto las vacas gordas y las espigas granadas son siete años de abundancia que vendrán en todo Egipto, seguidos —vacas flacas y espigas secas— por otros siete de escasez.

Debía de ser José un gran observador y conocedor de la realidad que lo rodeaba
(como debió de serlo también Moisés, percatándose de los fenómenos de las mareas marinas, de cómo el nivel del mar bajaba en ciertas horas del día, liberando de agua algunas franjas de tierra, y aprovechando alguna de éstas se sirvió para cruzar el mar Rojo. La leyenda haría el resto: el hombre providencial que, señalando con el cayado, separó las aguas para que cruzaran los israelitas en su salida de Egipto. Hasta tal punto debía de conocer el fenómeno que le permitió calcular el mejor momento del paso para que, al subir la marea, y ya su pueblo a salvo, ahogara a sus perseguidores.),
y de esa observación llegaría a la conclusión de que las cosechas abundantes —épocas lluviosas— y las escasas —de sequía— se sucedían cíclicamente, aunque no conociera las causas. Esta observación pudo llevarle a interpretar el sueño del faraón en la forma en que lo hizo y acertar. Lo de los siete años puede que obedeciera a una especie de número cabalístico o supersticioso o preferido —¿un número bonito?— de la época, número que se repite mucho a lo largo de las historias bíblicas, desde los siete días de la creación hasta "tenéis que perdonar setenta veces siete", según el mandato de Jesús. Número, también, que ha quedado fijado, ¡y de qué manera!, en el periodo del tiempo más firme que es la semana laboral.
(Por cierto que los números cabalísticos siguen vigentes en esta nuestra época tan modelna y tan racional y científica: no hay más que ver la cantidad de chorradas que surgen en torno a los números de la lotería).
Que los ciclos económicos se producen en las modernas economías, en forma de una especie de manías eufórico-depresivas del dinero, me parece claro. Otra cosa será la regularidad y previsibilidad de aquellos, algo que dudo mucho que los economistas sean capaces de determinar, ni siquiera a corto plazo, ni, por lo tanto, de influir en ellos. Es más, se puede incluso sospechar que esos intentos de torcer o corregir tales ciclos del dinero no hacen sino contribuir a su cumplimiento. Pero si tal comportamiento cíclico del dinero se da, pienso también que a lo largo de esos ciclos la tendencia es decreciente, en el sentido de que los picos de esos ciclos serían cada vez más bajos y las caídas cada vez más hondas. Todo esto refutaría esa especie de dogma vigente del progreso basado en el crecimiento ilimitado. He fabricado un dibujo, a ojo —con la línea de tendencia en puntos amarillos—, sin datos reales ningunos, en el que creo que queda claro lo que quiero decir. Pinche en la imagen para ampliar.

P. S. Todas estas elucubraciones sobre la interpretación que José hace de los sueños del faraón, así como de la razón de la habilidad mosaica y, por último, de los ciclos económicos son eso: puras elucubraciones mías sin base ni rigor ninguno, un mero divertimento, quizás, por mi parte.

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