21/11/11

«No habrá milagros»

Es lo que parece que ha dicho el Ganador del Sentido Común (una muestra de realismo, de tener los pies en el suelo, de sinceridad y hablar claro, pensarán muchos partidarios y tertulianos). Pero el caso es que nadie se los va a pedir. ¿Por qué entonces se siente en la necesidad de aclararlo? Se me ocurren dos motivos:

a) Porque ha estado haciendo llegar —no sólo durante la campaña sino desde muchísimo antes— al electorado la idea de que los iba a haber o al menos que estaba en posesión de una especie de superpoderes. No me parece que sea muy difícil hacerlo creer (creer en un nivel subliminal o subconsciente) a un electorado al que por un lado se le presenta la cifra enorme y redondita (¡vaya por Dios!) del paro y a continuación se le dice que ellos ya han sido capaces en el pasado de solucionar los problemas. Si esto no es un mensaje, sin compromiso expreso, de: esto lo arreglamos nosotros, que venga Dios —y nunca mejor dicho— y lo vea.

b) Porque es una garantía —bastante pueril por otra parte—, un curarse en salud, para lo que pueda ocurrir ante posibles reclamaciones. "Pero usted dijo...". "Yo lo que dije es que no habría milagros", interrumpiría el prócer. Y añadiría, quizás, sin complejos: "Y eso que está usted diciendo entraría dentro de esa categoría". Ni que decir tiene que esto implica una definición de 'milagro' que el propio negador de que los vaya a haber aportaría. Algo como: 'Milagro es todo aquello que esté por encima o más allá de lo que nosotros hemos hecho'. Vaya usted en estas condiciones a reclamar nada.

P. S. ¡Qué hombre este! ¡Trabajando ya desde por la mañana temprano en su despacho, según se han encargado de hacernos saber los medios!

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