23/1/10

Diálogo por la paz

(número VI de la serie Diálogos)

    —A ver, chicos... y chicas.
    —[¡Uy!, menos mal que ha sido políticamente correcto y ha añadido "chicas", que si no la que le podía haber caído].
    —[Sí, le ha debido de saltar alguna alarma antes de terminar la frase].
    —Bueno, Jaimito y Yoli: ¿se puede saber qué cuchicheáis que os hace tanta gracia?
    —No, nada, profe, era una cuestión sexual.
    —Sigamos. Os iba a decir que quiero que hagáis un trabajo, una redacción, pero no a la vieja usanza sino de lo más moderno, con el ordenador.
    —[Vaya, ya le ha encontrado una utilidad al trasto].
    —Tenéis que abrir un blog cada uno y escribir un post...
    —[¡Cómo maneja la jerga, el tío!].
    —sobre la Paz.
    —[¡Qué tema tan original!]. Perdón, don Mauricio: ¿y en qué servidor (¿se dice así?) lo abrimos?
    —Un buen sitio sería el diario ¿Qué de qué?
    —Pero, profe, si hacemos eso (aquí cada uno con su opinión sobre el asunto: ¿cuántos opinadores somos?) vamos a copar la portada de los blogs con los nuestros.
    —Bien, no importa, Jaimito, porque cada uno tiene derecho a eXpresarse; ¿o no crees tú en la libertad de eXpresión y todo eso?
    —[Joer, Yola, y a este tío lo ha conocido mi abuelo de falangista de pura cepa]. Claro, claro, don Mauricio..., pero ¿no irá contra las normas del diario?
    —No lo creo porque me ha parecido que tiene grandes tragaderas.
    —¿Y en qué lengua?
    —Eso ya... en la que mejor os desenvolváis, que ya sabéis que a mí no me duelen prendas...
    —[¿Qué te decía del falangista, Yolita?].
    —Pero, eso sí: un solo post por barba, en la lengua que queráis, porque escribir un post y luego hacer otro del mismo traducido... pues parecería ya mucha cara ¿no? Tampoco os recomiendo que dupliquéis los artículos, como hace en su blog un cura de almas de Alcorcón, a quien le aparecen por partida doble en la portada de 'Madrid', chupando sitio, claro.
    —De acuerdo, señor profesor, nos abstendremos de semejantes chapuzas. ¿Y tendremos que escribir las consabidas memeces sobre el asunto o podremos hablar mal de la Paz?
    —¡¡¡Pero bueno, Jaimito!!!, ¿cómo se te ocurre que vas a hablar mal de lo que todo el mundo sabe que es bueno? ¿Se te ocurriría a ti hablar mal de Dios, por poner otro ejemplo?
    —Pues usted perdone, pero me ha ido a poner un ejemplo muy malo porque precisamente hablando el otro día con el abuelo Avelino, me decía, y sobre eso centramos la discusión, que una cosa es que Dios exista y otra que sea bueno, y que lo que pasa es que de la existencia se suele deducir la bondad, como si una cosa implicara la otra, y que...
    —¡Basta! ¡Demonios de chico! Diga lo que diga Avelino...
    —¡Chiiist... señor profesor!: menos confianzas, que parece usted un candidato en campaña electoral o un concejal de Ayuntamiento. Para usted: "tu abuelo" o "don Avelino".
    —Bien, Jaimito, como quieras. Pero el caso es que tenéis que hacer el susodicho trabajo; de momento... porque en las próximas semanas os iré proponiendo otros...
    —[¡Su padre, Yoli! Resulta que ahí no termina la cosa: nos amenaza para otras semanas].
    —Ya vale de cuchicheos.
    —¿Y no podemos pasar de este cáliz, profe?
    —Poder podéis, pero bajaríais nota.
    —[No se haga mi voluntad sino la tuya].
                  
Otros diálogos
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