7/11/11

Quitar el polvo y poco más

Llego a casa a media mañana y hay un camión del Ayuntamiento (bueno, será de la Esmasa, pero viene a ser lo mismo ¿no?) aparcado estacionado en la esquina y con la parte trasera ocupando medio paso de cebra. Un operario
(con mucho ruido: ¿pero hay algo que el Ayuntamiento haga sin ruido, en sentido real —¡¡¡borrruuumm!!!— o figurado —propaganda—?)
está echando agua a presión en la acera. Pienso que formará parte del tan publicitado, programado, propalado, machacado plan de limpieza integral de don David, nuestro alcalde propa-gandista. Bien, me digo, no vamos a ponerle pegas a un intento de limpiar una cochambre que lleva mil años en la acera, pero, más tarde, cuando salga de casa y ya se haya secado la acera, veremos.

[...]

En efecto, lo que se puede ver con la acera seca es lo mismo, prácticamente, que antes de la supuesta limpieza: lamparones, marcas de bebidas vertidas, restos de alimentos aplastados y pegados, colillas igualmente aplastadas y pegadas, huellas de haber arrastrado bolsas de basura hasta los contenedores de enfrente, etc. ¿Y qué origina toda esta mierda? Pues está muy claro: las terrazas de los bares, a los que el Ayuntamiento no obliga, en connivencia con ellos, a limpiar, a mantener limpia la zona de terraza como está mandado. No, no les obliga, no quiere ponerse a mal con los emprendedores hosteleros: ya limpiará el Ayuntamiento, pero la suciedad se va convirtiendo en crónica y llega un momento en que ni con una máquina se elimina.

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