22/3/12

Boicot al consumo como alternativa a la huelga

Hay mucha gente, entre la que me cuento, a la que no es posible hacer huelga el próximo día 29 por diversos motivos que se pueden resumir en que —ateniéndose a lo que una huelga laboral significa, que no es otra cosa sino la suspensión unilateral y voluntaria por parte del trabajador del contrato que lo une a una empresa—, al no haber relación contractual con empresa ninguna, es imposible suspenderla: el caso más claro, evidentemente, es el del parado. Pero hay otros como el de: jubilado; en baja por enfermedad; nombramiento de —la mayor parte de las veces infames y abusivos— servicios mínimos; cierre empresarial —"para evitar problemas", suele decir en la ocasión el empresario que practica el lock out—; presiones insoportables del empresario al trabajador para amedrentarlo e impedir que haga huelga; y otros casos que probablemente se me escapen.
       Pero ¿qué pueden hacer quienes estén —estemos— en alguno de estos casos para protestar contra la llamada "reforma laboral"? Se me ocurre que una alternativa podría ser el boicot al consumo. Hay que tener en cuenta que actualmente el trabajador —¿ya nos hemos olvidado de la condición del trabajo como maldición divina?— sufre una doble explotación en forma de tenaza: la de trabajador como tal y productor muchas veces de inutilidades y la de consumidor de estas mismas inutilidades que él produce. Nada mejor por tanto para quien no pueda hacer huelga que rebelarse aunque sea por un día, como la huelga, contra el consumo. Si se piensa, hay muchísimas cosas de las que ese día podemos prescindir.
       Se me ocurren, a bote pronto: a) no comprar el periódico b) no bajar al bar ni para desayunar ni tomar café siquiera c) abstenerse, por supuesto, de comprar en ningún gran centro comercial del tipo ¡Qué Corte Tan Inglés!: ni entres siquiera, que la carne es flaca d) no comprar en el súper ni el pan: supongo que nos podremos pasar un día sin comer pan tierno e) no acudir al centro de salud y similares salvo en casos extremos e inevitables: también se puede aplazar la visita f) no jugar a ninguna de las mil loterías y quinielas que la explotación estatal nos ofrece: esta medida muy bien la podrías mantener hasta el día del juicio final por la tarde: ¡que apuesten ellos! g) no usar el coche h) no encender la televisión —si la familia te lo permite—: ¿no podrás pasarte un día sin mirar memeces y sin tragarte publicidad? ¿sin ver el partido del siglo? ¿que ese día no hay partido del siglo? ¿cómo que no, si todos los días hay?
       De momento la imaginación no me da para más, pero seguro que hay muchas más ocasiones de plantarle cara al consumo: yo, desde luego, lo haré en todos los casos citados en los que tenga opción y en los que se me vayan ocurriendo.
       Por supuesto, el boicot no tiene por qué ser sólo una opción de quienes no puedan hacer huelga. Se pueden hacer las dos cosas: huelga y boicot.

P. S. Esta posibilidad de boicotear la pueden usar sus señorías los diputados y senadores ante la duda que parece que les asalta de si ellos pueden o no hacer huelga.

Nota añadida el 27/03/12 tarde.
Acabo de descubrir el siguiente vídeo con el que si no estoy de acuerdo en todos sus términos, empezando por el título —yo prefiero 'boicot' en vez de 'huelga'— y acabando con la idea implícita, que siempre me ha parecido profundamente reaccionaria y de derechas, de que todos-los-políticos-son-iguales, creo que como ilustración a mi comentario sirve.

2 comentarios:

manuhermon dijo...

Me sumo a todas, salvo a la de comprar el periódico. A pesar de internet, sigo considerandolo una obligación, la lectura de prensa diaria.

Por cierto algunos carteles he visto por las calles y farolas llamando al boicot al consumo el dia 29.

Dionisio García dijo...

Me alegro de que haya una llamada al boicot en forma de pasquines, aunque yo no he visto hasta ahora ninguno —me fijaré más—, porque sólo desde mi pobre blog, poquísimo —por no decir nada— es lo que se puede hacer. Saludos.