19/4/12

El impostor

                                                             ¿Dijiste media verdad?
                                                                                 Dirán que mientes dos veces
                                                                                si dices la otra mitad
.
                                                            (Antonio Machado)

En este país de cortesanos y papanatas ha habido lanzamiento de cohetes ante la supuesta disculpa del Rey. La cohetería ha venido, principalmente, de dos lados. Por uno, de quienes han considerado el discursito talmente una victoria republicana que habría hecho poco menos que morder el polvo al monarca. Papanatas. De otro, cortesanos propiamente dichos, de quienes —aun sin haber reclamado disculpa ninguna, "para no alimentar la polémica", o incluso justificando la acción real, se refiriera esta a lo que fuera— lo han considerado una prueba de la humildad real y de la proximidad del Rey a su pueblo: más méritos y virtudes que añadir al Rey. La representante por antonomasia de estos últimos —dejando aparte los diarios más babosos— ha sido nuestra presidente regional, quien, preguntada acerca de a dónde se iría con el Rey, ha contestado que a cualquier parte. Pero veamos:

1. La puesta en escena es bien evidente. El Rey hace, en el momento justo, como que sale de la habitación de la clínica, en donde lo está esperando una cámara ad hoc, con alguien fuera de ésta que le pregunta que cómo se encuentra, para dar pie a grabar una frase aconsejada por otros y aprendida de memoria y con las justas palabras, ni una más ni una menos: "Lo siento mucho. Me he equivocao [sic], y no volverá a ocurrir". Probablemente le aconsejaran que pidiera perdón —¿a los españoles?—, pero, si así fue, el caballero debió de negarse en redondo —soberbia obliga— y contestar que o eso —la frase que al final soltó— o nada.

2. La supuesta disculpa ha sido eso: "supuesta", porque ni se ha disculpado ni ha pedido perdón. Decir que lo siente no es lo mismo que pedir perdón. Uno puede sentir haber hecho algo sin que eso implique pedir perdón a las víctimas.

3. Siendo las palabras medidas, son, sin embargo, de una ambigüedad calculada porque ¿qué es lo que siente? ¿en qué se ha equivocado? ¿qué es lo que "no volverá a ocurrir"? ¿que no volverá a cazar nunca? ¿que no lo hará en esas condiciones? Pero ¿qué condiciones son esas? ¿Cómo sabremos, ante esa ambigüedad, que si vuelve a ocurrir no ha vuelto a ocurrir?

4. De todas formas, de haber pedido perdón debería haberlo hecho a las víctimas del gatillo al que tan aficionado es —también es aficionado, ¡Gensanta!, a los toros y a las carreras de coches y motos: como para fiarse—, es decir a los animales a los que se ha cepillado a lo largo de su carrera, incluido aquel pobre oso cuya valiente caza nos enteramos hace unos años que había llevado a cabo. ¡Y cuántas habrá hecho!

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