14/11/14

Desgracias de un peatón en Alcorcón

Pasaba yo ayer mañana por la calle del Petróleo, esquina a la de Referendum de Viña Grande, cuando la acera, con motivo, pensé, de poda* de árboles en esos momentos, estaba cortada con unas cintas, unas vallas y parte de un camión subido a la acera. El camión, para más inri, del Ayuntamiento, en concreto de la concejalía de Parques y Jardines. Para seguir con mi marcha me vi obligado a cruzar la calzada, a cuerpo limpio, como un valiente, como el héroe que no quiero ser, a una mediana de no más de un metro de ancho, con farolas en medio, por la que fui andando hasta, una vez rebasado el obstáculo, volver a cruzar a la acera por la que iba. Indignante el trato al peatón por parte del Ayuntamiento, lo que parece que no es inconveniente para que últimamente a éste le haya dado por vallar grandes tramos de acera para, supongo, evitar el (mal) cruce de los peatones y forzarlos a que lo hagan por los pasos debidos. Yo, afortunadamente, me muevo por mi propio pie, pero me preguntaba ayer qué habría ocurrido en el caso de una persona en silla de ruedas —ahora que tanto se mira, aparentemente al menos, por la movilidad de los discapacitados—. O en el caso de alguien con cochecito de niño o carrito de la compra.
         Lo más indignante de este tipo de episodios es que son frecuentes. Hasta hace unos meses, un día sí y otro también, al pasar por la av. del Pinar, a la altura de Parque Ordesa, con motivo de unas obras, creo que de impermeabilización del aparcamiento —dicho sea de paso, ¡construido hace muy pocos años!—, me encontraba en la acera con un camión o con la tolva del cemento de uno de ellos o con vallas atravesadas o con material de construcción, etc. impidiendo el paso y obligándome a bajar a la calzada, con los coches a mi espalda —pero uno no tiene ojos en el cogote ni lleva espejo retrovisor—, para poder seguir. Más episodios: hace unas semanas, yendo por la misma avenida, a la altura del edificio que se ha debido de hacer célebre últimamente por vivir en él una afectada —afortunadamente curada— de ébola, me encontré con la acera cortada por la policía porque había, enfrente, una especie de concentración de protesta, si no entendí mal, por el sacrificio de un perro. Pues bien, en esta ocasión también me vi obligado a cruzar al otro lado de la calzada, lado que, además, estaba ocupado por cámaras de televisión, manifestantes, una batería de contenedores, etc.
         Y yo me pregunto: ¿es que tiene que ser el peatón, en caso de obras o similares, el que pague el pato cortándole el paso en vez de recortar el paso de los coches en la medida necesaria? ¿hasta ese punto se han adueñado los automóviles de las ciudades, en concreto de la de Alcorcón, que es el caso que me importa, que tenga que ser el peatón el que se jorobe, por emplear un término suave, para que los automovilistas no se molesten? ¿la policía pasa olímpicamente del asunto como si no fuera nada con ella? ¿no nos jeringan —sigo empleando términos suaves— ya lo suficiente a los peatones con, por ejemplo, la tolerancia de la circulación de bicicletas por las aceras o las terrazas de veladores en un abuso del suelo público?
             
*Esta mañana —14/11/14— he visto los tocones, de unos 30 cms. de alto, de dos árboles; o sea que no se trataba de 'poda' sino de 'tala'. Quizás es que a los del ayuntamiento de Alcorcón, a la vista de lo que ha ocurrido en Madrid, con caída de ramas, con consecuencias graves, mortales en algún caso, me parece recordar, para peatones, les ha entrado un cierto acojone y han decidido actuar, sobre todo por aquello de una posible pérdida de votos.

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