5/3/13

Fragmento

Ayer mañana al cruzarme por la calle con dos mujeres —entre 40 y 45 años— oí que una le decía a la otra:
«Y dice: "¿y te lo permite la comunidad?". Y le digo: "yo en mi casa hago lo que me sale de las pelotas"».
No oí más, ni sé ni hace al caso ni me importa a qué se refería la que hablaba. Es evidente que le iba contando a la otra la conversación tenida con un tercero. Lo que me llamó la atención fue no ya esa invocación a los atributos específicamente masculinos por parte de una mujer —algo que es frecuente oír entre chicas adolescentes— sino la manifestación de esa idea, quizás muy común, de que cada uno en su casa puede hacer lo que le dé la gana de forma irrestricta. Bien es verdad que muchas veces se tratará de una exageración —a mí no se me ocurriría nunca emplear semejante argumento—, un decir sin saber muy bien lo que se dice. Pero es que otras veces me temo que es así, que creen, literalmente, que cada uno en su casa... Y, ya puestos, en la calle, porque como la calle es de todos es mía: así suelen razonar los energúmenos.

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