15/11/12

Trapiello sobre la huelga

Revista de prensa

De todo lo que he leído sobre la huelga —aunque tampoco es que haya sido mucho— lo más razonable me ha parecido el comentario de ayer de Andrés Trapiello, en su blog, titulado Servicios mínimos (y más de última hora).

«EN este almanaque uno no es asalariado ni siquiera de sí mismo, puesto que se lo da gratis a sí y gratis es también para los que pasan por él, de modo que difícilmente podría hacer huelga de nada. Ahora, nadie le impedirá a uno ponerse del lado de los que hoy van a ella. Hay razones sobradas. Los patronos, banqueros, gubernamentales, pequeños comerciantes, esqui-roles, desengañados, desencantados y escépticos dirán que con estas huelgas no se consigue nada más que empeorar nuestra situación. ¿Más? ¿No se han detenido los desahucios? ¿Se les ocurrió hacerlo en primera instancia a los bancos, a los gobernantes, a los políticos?
Aquí no puede uno hacer huelga, pues, pero nadie tampoco podrá impedir que aproveche los servicios mínimos para animar a hacerla a quienes puedan secundarla.

(Añadido a las 18:02. Si es verdad que el Pp ha cuantificado el coste de la jornada en 4.000 millones "que podrían destinarse al gasto social" o que el equivalente de las pérdidas equivale "al 80% de los desahucios", no están diciendo, como alguien ha podido suponer, llamándose a engaño, que ese dinero podría salir de las pérdidas de los patronos, sino de los salarios. En otras palabras: le están diciendo a la clase trabajadora que los problemas sociales se arreglarían si la gente trabajara gratis y entregara sus salarios para esas mejoras. Si no es así, el Pp y los patronos deberían ser más claros y decir: "No vayan a la huelga, trabajen, y nuestras ganancias de un día, las que dejaríamos de percibir si hicieran huelga, las entregaremos íntegras para evitar desahucios o para destinarlas a gastos sociales).

[...]

(Añadido a las 20:06. Ningún día ha estado uno más activo en este almanaque. Será la huelga).

(Añadido a las 20:06. El hecho de que los manifestantes hayan calibrado en un millón el número de asistentes a la manifes-tación de Madrid, no le da derecho al Gobierno a decir que eran... ¡treinta mil! Eso es, sencillamente, una desvergüenza. Saben de su mentira no sólo los que han estado allí. Basta ver las imágenes de la televisión, de su televisión)
».

Fin de la trascripción.

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