9/1/12

Notas sobre Las Rebajas

0. Entran a la carrera al Gran Almacén el día del comienzo de las rebajas en busca de la ganga, de cualquier cosa que les parezca un importante ahorro.

1. En contra de lo que crean quienes se abalanzan a por el trofeo, no compran cosas —tangibles, materiales— sino el abstracto 'ahorro'; cambian un abstracto, 'dinero', por otro, 'ahorro'. ¡Y a esto no faltarán curas que lo llamen 'materialismo'! La cosa en sí, digámoslo de esta manera, les importa un pepino o al menos les importará un pepino en cuanto lleguen a casa y lo saquen de la bolsa.

2. Si se pudiera hacer un experimento con el tiempo, sería interesante el siguiente. Tras una época de rebajas en el Gran Almacén, en el que las ventas han ascendido a X, se da marcha atrás en el calendario y durante el mismo periodo se abren las puertas con los mismos precios que los resultantes de los rebajados, pero... esta vez —y ceteris paribus— sin anunciar que los precios están rebaja-dos. ¿Ascenderían las ventas igualmente a X? (Fin del experimento).

3. Dudo mucho que así fuera porque el cliente no tendría el elemento comparativo del precio antes de las rebajas. Porque, vamos a ver, ¿para qué demonios necesita saber el precio antes de rebajado sino es para saber lo que se ahorra o séase para saber lo que compra? ¿por qué no le basta con comparar calidad y precio —rebajado— y decidir en función de eso?*

4. En este sentido resulta incluso ridículo que obliguen a las tiendas a anunciar junto al precio rebajado el precio anterior cuando es justamente la exposición de esa diferencia de precios la que se convierte en publicidad. Y es esa información de la diferencia de precios, el cálculo de lo que se ahorra, el ahorro que compra, lo que mueve al consumidor a comprar. (Otra cosa es que de hacer el anuncio, tenga que ser veraz).

5. Hay, finalmente, un factor que creo que incita a la compra: el factor jactancia, el presumir de la habilidad de haberle sacado a la tienda por 40 lo que, originalmente, costaba 100. Yo creo que debe de haber gente que exhiba en el salón de su casa lo comprado en las rebajas con la etiqueta de antes y después para asombro de eventuales visitantes. En todo caso, lo que no es infrecuente, sobre todo si les ponen un micrófono y cámara de tv delante al salir de la tienda, es que declaren con orgullo, exhibiendo el trofeo, algo como: me ha costado tanto y estaba marcado en el triple.
             
* Me sopla al oído un insidioso abogado del diablo que el experimento tendría un fallo, y es que desconociendo los clientes que los precios ya están rebajados, podrían tener la expectativa de unas futuras rebajas y retraerse de la compra. Hummm... puede ser.

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