13/12/14

Se veía venir

(A modo de añadido al anterior)

Si alguna resistencia moral quedaba contra las torturas de la agencia norteamericana ha debido ya de quedar derrumbada. (De otro tipo de resistencia, por ejemplo, penal, me parece que ha quedado claro desde el principio que el estado, empezando por el propio presidente, no piensa mover ni un solo dedo).
En efecto, anoche oí en una televisión que el director de la agencia defendía los "interrogatorios" por la utilidad que habían proporcionado, sobre todo para salvar "muchas vidas". Por lo visto, una senadora, creo, contestaba que no, que dichos interrogatorios no habían sido útiles. Así es que ya tenemos la cuestión de la tortura tergiversada, trufada, llevada al terreno al que el de la Cía, —y, me temo, a una gran parte de los estadounidenses— le interesa. Lo que debería ser una oposición moral —la oposición a la tortura sea cuales sean los fines de ésta— sin fisuras, incondicional, caiga quien caiga, se ha convertido en un debate sobre su eficacia, debate promovido por el director y aceptado por la senadora, no sé hasta qué punto, por parte de ésta, ingenuamente o hasta qué otro porque en el fondo le quedan dudas sobre si, efectivamente, habría que aceptar tales prácticas dependiendo de los fines. En todo caso, la discusión, la posible justificación de la tortura es de una inmoralidad infinita.

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