7/11/09

Oremos

Ha aparecido estos días una catarata de opiniones de los especialistas en todo sobre el secuestro de un barco: que si leña al mono que es de goma; que si a pagar y a callar; que si suelten a los dos que la autoridad ha detenido; que si el Es-ta-do-de-De-re-cho bla bla bla... En fin, cada uno con su opinión, como está mandado. Y ya se sabe que la media obtenida de la suma de la verdad de cada cual da... ¡la verdad!
    Pero sin haber atendido lo que se dice muy en serio a tanta cháchara, ayer sin embargo me llamó la atención la opinión de un maestro... de religión. El caso es que el hombre proponía algo que a nadie se le había ocurrido para solucionar el asunto: rezar. Eso sí, lo propone como medida complementaria. Nada más natural, pues si "Dios anda entre pucheros" —la santa de Ávila dixit— ¿no va a andar también entre barcos?
    Y entonces, ¿cómo es que a ningún tertuliano de plantilla o amateur se le ha ocurrido sugerir un arma tan poderosa, como creo que llama el buen hombre a la oración?
    Y para abrir boca y animar en el oremus hay, según nos cuenta el teacher, un tal don Valentín, a quien no tengo el gusto de conocer, el cual, por lo visto, ya se puso ayer a rezar en misa.
    Con el Aliado que invoca el especialista religioso no me extraña que pretenda como "solución menos mala, la que logre sacar con vida a nuestros marineros, preservar nuestro estado de derecho, reforzar la imagen internacional de España, prestigiar a nuestra armada, a nuestros políticos y a nuestro sistema judicial". ¡Virgen santa! ¡Ahí es nada! Pero eso no sería una solución propiamente dicha, sería un milagro en sentido estricto.
    El Invocado, por otra parte, es un experto en la manipulación marina: ya en una ocasión hizo que las aguas del mar Rojo, que había abierto para que pasaran los israelitas, se cerraran sobre sus perseguidores. Me pregunto si no podría volver a hacer alguna maniobra semejante contra los piratas. Oremos.

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