6/11/06

El rey rico y el pobre oso

Ya había leído hace unos días la noticia, en un rincón del periódico El País, sobre la caza en Rusia de un oso por parte del Rey, noticia que, a su vez, había trascendido del periódico moscovita Kommersant. Pero es que, según me entero por un artículo de Jesús Mosterín, El dedo que acciona el gatillo, publicado en aquél el 01/11/06, este es el tercer episodio conocido de caza de osos por S. M. en los últimos tres años, lo que parece indicar que es una costumbre de Don Juan Carlos, sólo que esta vez le han pillao con el carrito del helao.
       Lo peor, con ser muy lamentable, no es que el Rey tenga como afición abatir los osos que se pongan (o que le pongan) a tiro, sino que el Gobierno, al ser preguntado por el costo de las cacerías reales, se llame andana y diga que el Rey distribuye “líbremente” la cantidad que recibe de los presupuestos del Estado. Esto es un sofisma, porque si bien el Monarca, una vez asignada esa cantidad, es libre de gastársela como le dé la real gana, es, sin embargo, creo, asunto del Gobierno no poner a su disposición, vía presupuestaria, un dinero tan mal usado y tan despilfarrado como el de las francachelas cinegéticas. De modo que, para el próximo ejercicio presupuestario, bien podría reducirse la asignación en los miles o decenas de miles o... no tengo ni idea de lo que cuesta que Juan Carlos I le dé gusto al gatillo.
       En cuanto a la Casa Real, no dejan también de ser lamentables las declaraciones al negar que el oso estuviera drogado, admitiendo, por el revés, que bien empleado le habrá estado al pobre, despejado y despierto como estaba, peligrosísimo por lo tanto, y al que el Rey, que pasaba por allí, no tuvo más remedio que cepillárselo.

(Este asunto ha pasado un tanto desapercibido. Más de lo que debería, creo yo. El único comentario del que he tenido noticia ―hoy, 8 de diciembre― ha sido, aunque lo toca de refilón, el de
Ruth Toledano, en El País)

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