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23/1/12

A vueltas con la publicidad

Estaba yo ayer domingo a media mañana en el bar en cuya televisión pasaban un partido de fútbol, al que nadie parecía hacer mucho caso porque no debía de tratarse del habitual partido semanal del siglo; sería sólo que, ¡¿cómo no!?, habiendo fútbol el del bar no puede por menos que ponerlo para no defraudar a la parroquia. Es algo que no puede faltar en el bar: fútbol u otro deporte. (Además, claro es, de las máquinas tragaperras).
       El caso es que, entre sorbo y sorbo de café, levantaba la vista hacia el aparato y con frecuencia me encontraba con una especie de ráfaga publicitaria, un letrero que, rápidamente, recorría la pantalla de izquierda a derecha con la palabra 'liga' seguida del nombre de un banco, que debe de ser el que patrocina el campeonato o algo así. En otras ocasiones, la imagen subía unos centímetros y en el espacio libre insertaban un anuncio de alguna inversión dineraria, creí ver.
       A mí, que detesto el deporte en general y el fútbol por tanto, y que no voy a estar atento a un partido en la televisión, me tiene sin cuidado tal forma de publicidad, tan agresiva, si es que alguna no lo es: allá quienes lo vean si están dispuestos a soportar este tipo de cosas. Pero es que estamos llegando a unos extremos de escándalo en lo que a la publicidad se refiere: ya no saben qué inventar para hacérnosla tragar y este procedimiento que acabo de contar es de lo más novedoso, al menos para mí, aunque estoy seguro de que habrá más con tal de ampliar el espacio publicitario, la apabullante publicidad.


¡NO A LA PUBLICIDAD!

19/1/10

La defensora del espectador de TVE no contesta

No obstante el creciente aborrecimiento de la televisión he seguido con la costumbre de grabar películas. Grabadas consigo dos cosas: verlas cuando se me tercie y saltarme la publicidad.
         En lo que se refiere a la TVE en concreto, como se sabe y se han encargado de propalar, se han suprimido los anuncios... (bueno, casi todos, porque ahora se dedican a anunciar los productos de la casa), a costa de una mayor financiación por medio de los impuestos. Yo, que detesto la publicidad, prefería ésta a que se sostengan los productos televisivos con el dinero de todos, por mucho que se les llene la boca con lo de la "televisión pública": ésta produce las mismas chorradas que las privadas, así es que quien esté dispuesto a sentarse ante la televisión que trague publicidad.
         Pero en realidad, a donde quería ir a parar es a que a pesar de la supresión de la publicidad, en sentido estricto, la TVE sigue con la aberrante práctica de suprimir los títulos de crédito al final de la película. En efecto, cuando está usted tan tranquilo oyendo la última música e identificando a los actores de cada personaje... ¡zas!, el encargado de la cosa corta por lo sano (¡así se le quedara pegada la manita al botón!). Una práctica, además de infame, absurda porque la película dura lo que dura y el final también es película.
         Y aquí es donde aparece la defensora del espectador o, mejor dicho, no aparece, porque después de quejarme a la cadena de la práctica que considero un atropello (lo hice con ocasión de una película que cortaron del modo dicho en un programa dedicado al cine, para más inri), y sin que me contestaran, me dirigí a la defensora, quien tampoco me contestó. ¿Marca de la casa?

P. S. El corte de los títulos no se produce sólo cuando estos se despliegan con música, sino incluso cuando lo hacen sobre las últimas imágenes. Hace falta ser tarugos.