Hace años se puso de moda colocar en el cristal trasero de los autos un cartel: "Zoi ezpañó, cazi ná", escrito tal cual. Pero miren por donde al cabo de los años los españoles a ultranza, a muerte, niños y mayores, hombres y mujeres —y hasta el perro con los colorines nacionales— que, al parecer, por la bulla que meten, el empacho de banderitas y colores, deben de ser la mayoría, vuelven a sacar el orgullo nacional, sólo que esta vez con el fútbol y el detestable: "Yo sooy españoool, españoool, españoool. Yo soy...". Por cierto, ¿las mujeres también dicen españoool en contra de lo políticamente correcto que sería españooola? Porque españooola, como que no rima. Menos mal que es el último partido.
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1/7/12
10/6/12
Cuanto antes, mejor
Me preguntaba ayer un amigo si vería mañana —por hoy domingo— el partido. Sin que hiciera falta que me aclarara quién jugaba —al menos no la hacía que me dijera que uno de los dos contendientes era la selección nacional— ni para qué título, tan omnipresente es la noticia sin que pueda uno sustraerse a ella, me sorprendió que, sabiendo que detesto los deportes en general y el fútbol en particular (y más aún si cabe si de fútbol nacional —o séase, nacionalismo deportivo— se trata), me hiciera tal pregunta. Al contestarle, obviamente, que no, me dijo, algo en broma supongo, que qué clase de español era al que le daba igual lo que hiciera "la roja", que le llaman. No supe qué contestarle y después pensé que le podía haber dicho que pertenecía a una clase de españoles a quienes les daba lo mismo lo que hiciera la tal, clase a la que ignoro, evidentemente, cuántos miembros formamos parte de ella.
Pero luego he pensado también que de haberle contestado aquello, es decir que me daba igual lo que hiciera la susodicha, no habría dicho verdad, porque no es exactamente que me dé igual sino que deseo —deseo que se repite en cada campeonato de naciones— que quede eliminada cuanto antes para así verme libre de la tabarra del ambiente todo alrededor del campeonato, con sus banderitas —con escudo o toro— en los balcones y a la puerta de los bares, los berridos televisivos y callejeros, etc. Así es que sí: por Dios que eliminen a la selección nacional cuanto antes. ¡Qué descanso!
P. S. Obsérvense los esfuerzos que hago en el comentario a fin de no referirme a la selección patria por su apodo cariñoso. Me debo de parecer a Rajoy —¡y bien que lo siento!— cuando en su conferencia de prensa de esta mañana —propagandística: ¿pero qué palabra de este hombre y de sus conmilitones no lo es? Conferencia que, por otra parte, no es que yo haya visto ni oído sino que se da uno de narices con los resúmenes en las páginas de interné— evitó referirse al dichoso "rescate" hablando de "lo de ayer".
Otro post scriptum. Me acabo de enterar de que han empatado. ¡Qué silencio!, ¡qué paz! en mi calle y, seguramente, en todo Alcorcón. Empezamos bien.
Pero luego he pensado también que de haberle contestado aquello, es decir que me daba igual lo que hiciera la susodicha, no habría dicho verdad, porque no es exactamente que me dé igual sino que deseo —deseo que se repite en cada campeonato de naciones— que quede eliminada cuanto antes para así verme libre de la tabarra del ambiente todo alrededor del campeonato, con sus banderitas —con escudo o toro— en los balcones y a la puerta de los bares, los berridos televisivos y callejeros, etc. Así es que sí: por Dios que eliminen a la selección nacional cuanto antes. ¡Qué descanso!
P. S. Obsérvense los esfuerzos que hago en el comentario a fin de no referirme a la selección patria por su apodo cariñoso. Me debo de parecer a Rajoy —¡y bien que lo siento!— cuando en su conferencia de prensa de esta mañana —propagandística: ¿pero qué palabra de este hombre y de sus conmilitones no lo es? Conferencia que, por otra parte, no es que yo haya visto ni oído sino que se da uno de narices con los resúmenes en las páginas de interné— evitó referirse al dichoso "rescate" hablando de "lo de ayer".
Otro post scriptum. Me acabo de enterar de que han empatado. ¡Qué silencio!, ¡qué paz! en mi calle y, seguramente, en todo Alcorcón. Empezamos bien.
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3/6/12
La camiseta
1. El seleccionador nacional de fútbol le ha hecho entrega al presidente del gobierno de una camiseta nacional con su nombre y el número 10. No sé qué significado exacto pueda tener en fútbol este número asignado a un jugador, pero pudiera ser el de director u organizador del juego, o quizás el significado más general de 'máximo' en una escala de puntuación de 1 a 10, como en un examen, por ejemplo. Pues ni en un sentido ni en otro creo que sea acertado adjudicarle a Rajoy semejante número, ni como dirigente de la política española, que es bastante dudoso que él dirija, ni como 10, el hombre perfecto, a la vista de la mediocridad que muestra cada día. En lo que sí fue número 10 es cuando estaba en la oposición y se dedicaba —a lo único a lo que se dedicaba— era a poner palos en las ruedas al gobierno con tal de llegar a la Moncloa: fue el campeón de la oposición desleal en los últimos 1.000 años.
2. Signifique lo que quiera tal número en un jugador —quizás hasta se trate de algún tipo de superstición o de fe tonta en los números redondos—, Rajoy aprovecha la entrega para un discursito a los jugadores nacionales (¡y que haya autonomías que quieran tener su selección nacional! ¡Como si no tuviéramos ya suficiente con la española!) para que den una alegría a los españoles con una victoria —que para dar disgustos ya está él, se deduce—. Es una nueva versión del pan y circo —en este caso, dieta y fútbol— actualizada por el presidente, aunque ya le ha dicho el seleccionador-marqués que los problemas de España no se arreglan con una victoria en el fútbol.
3. No debió de oír Rajoy a la vicepresidente hace unos días cuando, con su habitual sonrisa-mueca, soltó la tontada aquella, tan oída por otra parte, de que "No hay que mezclar la política con el deporte".
2. Signifique lo que quiera tal número en un jugador —quizás hasta se trate de algún tipo de superstición o de fe tonta en los números redondos—, Rajoy aprovecha la entrega para un discursito a los jugadores nacionales (¡y que haya autonomías que quieran tener su selección nacional! ¡Como si no tuviéramos ya suficiente con la española!) para que den una alegría a los españoles con una victoria —que para dar disgustos ya está él, se deduce—. Es una nueva versión del pan y circo —en este caso, dieta y fútbol— actualizada por el presidente, aunque ya le ha dicho el seleccionador-marqués que los problemas de España no se arreglan con una victoria en el fútbol.
3. No debió de oír Rajoy a la vicepresidente hace unos días cuando, con su habitual sonrisa-mueca, soltó la tontada aquella, tan oída por otra parte, de que "No hay que mezclar la política con el deporte".
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