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19/12/12

¡Recuperemos la acera!

PEATÓN, EN EL CARRIL BICI CIRCULA
POR TU IZQUIERDA

Es un consejo de la (A)ABANO

(Apócrifa) Asociación Bicicletas por las Aceras, No


Una cosa es que los peatones intentemos recuperar, circulando por los dichosos carriles, el espacio que el ayuntamiento nos birló y otra, que no cuidemos de que un fanático nos atropelle. Conviene no perder las bicis de vista.

19/11/12

Nuevo diseño urbano

PASO DE BICICEBRA

que el dibujo es una chapucilla, pero es que lo he hecho con retazos de aquí y de allá y mi técnica es bastante rudimentaria, no da para más. (Quizás lo mejore con nueva edición). Pero algo habrá que intentar en contra de la circulación de bicicletas por las aceras; algo en la guerra de peatones contra la circulación de bicis por las aceras: una guerra declarada por los ciclistas con la colaboración del populismo, la vulgaridad y el papanatismo municipales... No hay por qué añadir "del ayuntamiento de Alcorcón" porque, me temo, éste es tan populista como cualquier otro ayuntamiento.

23/10/12

Anecdotario ciclista (3)

Esta mañana ha estado a punto de atropellarme un ciclista. El susto, desde luego, me lo he llevado. ¡Maldito! El incidente ha ocurrido al acceder yo desde la calle Parque Cabañeros a la av. de la Libertad, en un cruce —infame— en el que uno se ve obligado a atravesar el carril-bici... mejor dicho, y hablando con propiedad, la acera-bici, uno de esos espacios que hace unos poquitos años el ayuntamiento de Alcorcón, siguiendo la moda, tuvo a bien recortar de las aceras para que los ciclistas hicieran ejercicio o jugaran con sus bicis. En ese cruce el ciclista, si no lo interpreto mal, está obligado a ceder el paso al señor peatón —quien, por cierto, debería ser el señor de las aceras, y el ayuntamiento debería cuidar de ello—, lo que no ha hecho y además me ha pillado distraído. Si esto ocurre en un cruce de acera con acera-bici no hace falta tener mucha imaginación para suponer lo que puede ocurrir en las aceras, por donde, hasta ahora impunemente, circulan las bicicletas.

8/5/12

Otro más contra la circulación de bicicletas por las aceras

Del excelente blog de Eneko Astigarraga, de Pamplona, Bicicletas, ciudades, viajes... copio el comentario que, con el título de ¿Peatones con ruedas? ¡No, gracias!, se publicó el pasado domingo 6 de mayo. Lo hago con la intención de dar difusión a un post que, entre otras cosas, critica la circulación de bicicletas por las aceras, como, por otra parte, se hace en numerosos comentarios del susodicho blog, una circulación que está suponiendo una desgracia en aumento para los peatones, con el agravante de que ni por parte de la —impotente y tan enrolladita y tan ecológica— autoridad municipal de Alcorcón se ve intención de atajar y con otro agravante también de la aceptación rebañil de la antedicha circulación por parte de la población. Pero en fin, por si sirve de algo, reproduzco literalmente el comentario de E. A. La letra en negrita o en rojo —la tipografía, en general— es suya.

«De un tiempo a esta parte, hay unos cuantos que se están encargando de repetir, confiando en que su pura insistencia sea suficiente para legitimar su discurso, aquello de que las bicicletas no son vehículos en sí mismos por una suerte de comparación interesada según la cual el hecho de carecer de carrocería y de motor, de no necesitar licencia ni seguro, de no desarrollar unas velocidades endiabladas y de no aportar peligrosidad en su entorno las descalifican como tales y las dejan a la altura de los peatones.

No es cuestión de recurrir a la ley para darse cuenta de que esto es poco menos que una aberración que, con la excusa del miedo a discreción, quiere justificar la invasión indiscri-minada y normalizada de las plataformas peatonales como espacios naturales de circulación para las bicicletas y alegar la necesidad de contar con espacios de circulación exclusivos siempre separados del tráfico rodado.

El problema no sería más grave si los peatones fueran también vehículos y de lo que estaríamos hablando de distintas categorías de viales, como ocurre con las autopistas respecto a las carreteras, si no fuera porque esto no es así en absoluto. De hecho, catalogar a los peatones como agentes de tráfico es, más que una equivocación, una temeridad que pone en juego la habitabilidad de las ciudades y, dentro de ellas, de los espacios desregulados de tráfico por excelencia que son las aceras [la cursiva es mía] y demás zonas peatonales.

De la capacidad de reconocer a los peatones como prota-gonistas indiscutibles de la vida urbana y de preservar los espacios destinados a ellos y ampliarlos manteniendo la con-dición de que no se permita en ellos la circulación, ni siquiera a baja velocidad, dependerá el éxito en la construcción de ciu-dades más humanas y más amables.

Tratar de justificar a los ciclistas que aducen miedo al tráfico dándoles amparo en las aceras supone, además de atentar contra la naturaleza propia de estos espacios, eliminar la tranquilidad y el disfrute incondicional y aleatorio de los mismos por parte de las personas que pasean, que caminan o que simplemente están.


No más ciclistas a costa de la tranquilidad de los peatones

Lo que se nos olvida muchas veces cuando nos enfrascamos en las discusiones del miedo de los ciclistas y de la bondad intrínseca de la bicicleta es que la ciudad debería ser para las personas, para su disfrute, mucho más que para su circulación. Y lo que se nos escapa entre las manos es que, sacando a muchos ciclistas de la calzada, estamos pre-servando incondicionado el tráfico y estamos provocando dos efectos simultáneos:

      1. Estamos mejorando el tráfico motorizado en vez de empeorarlo, que debería ser un objetivo para disuadir del uso masivo, indiscriminado y ridículo del coche y las consecuencias que ello conlleva.

      2. Estamos discriminando a los ciclistas que siguen ejerciendo su derecho de circular en el tráfico.

Pero es que, además, cuantas más personas utilicen las bicicletas en la acera, más tarde y más difícilmente se producirá el efecto ralentizador y tranquilizador del tráfico que provoca la masa crítica ciclista. Ejemplos como el de Donostia, el de Sevilla, el de Valencia, el de Zaragoza o el de mi Pamplona natal deberían alertarnos sobre ello.

Los que promulgan la necesidad de circular en bici sólo por las aceras o por viales exclusivos, prometen que, dentro de unos años, cuando la utilización de las bicicletas sea masiva y el malestar peatonal sea insostenible, será el momento de conquistar la calzada demostrando que son acreedores a un viario propio y exclusivo y será el momento de apropiarse de un carril reservado a los coches para dárselo a ellos, los ciclistas buenos, y entonces será el momento de devolver las aceras a los peatones. Mientras tanto la invasión está justificada y los que no comulgan con esta cruzada, aunque también sean utilizadores de la bicicleta, se vuelven enemigos de la verdadera fe ciclista.

Realmente da terror presenciar las incursiones cada vez más frecuentes de un ejército de indolentes bien-aventurados capaces de atacar a los más débiles desposeyéndoles de lo poco que han sido capaces de conquistar, en la misión de conseguir más adeptos a cualquier precio y con el argumento del temor de dios coche todopoderoso, por no atreverse a combatir a los que atentan contra ellos simplemente porque son más y más fuertes. Lo peor es que las huestes "cicleatonas" continúan batallando impunemente y utilizan las peores artes misionales en su ejercicio catecumenal, como son el erigirse víctimas por encima de los demás, el creerse los redentores de esta sociedad y el de utilizar las plegarias para justificar el "a dios rogando y con el mazo dando".

Si no somos capaces de neutralizar pronto este movimiento que ya se está haciendo tendencia y que cree contar con derechos adquiridos [cursiva mía], nos estaremos jugando, mucho más que la seguridad ciclista de nuestras ciudades, la tranquilidad de las personas que quieran caminar, pasear o pasar el rato en sus calles, plazas y parques. Y eso no tiene precio.
»

Fin de la trascripción.

¡Bicicletas por las aceras, NO!

21/1/12

Anecdotario ciclista (2)

Voy esta mañana por la acera y cuatro ciclistas domingueros en dos filas me vienen de frente. Al verme, supongo, se colocan en una sola fila. Van a velocidad muy lenta, mínima (pero «'mínimo' es lo que no puede ser menos, pero todavía es algo»), me imagino que la más lenta a la que una bici puede ir sin caerse, no sé si porque van haciendo tiempo o porque saben —¡majos, ellos!—, en el fondo, que lo que hacen es ilegal aunque consentido —¡faltaría más! ¡con el buen rollito de los ayuntamientos!—.
       El caso es que, como digo, van muy despacio. Los tres primeros me rebasan sin incidentes, pero el último, al cruzarse conmigo cuando coincide el alcorque de un árbol a mi derecha, me golpea con el manillar en el codo izquierdo. Y es que, para mantener el equilibrio a esa velocidad, hay que, si no me equivoco, mover el manillar, a pequeños golpes, a izquierda y derecha, y en uno de esos es cuando me ha golpeado. Porque, claro, es que ellos... controlan. "¡Uy, perdón!", me ha dicho, a lo que, volviendo yo la cabeza: "¡fuera de la acera!". Y es que no se puede permitir, se pinte como se pinte, el que las bicicletas circulen por las aceras.

P. S. Supongo que no faltará el imbécil de turno, tal vez el propio 'piloto', que me considere un intolerante. Pues que le den.

15/11/11

Otra nueva señal de tráfico

Nueva señal que debería ponerse en las aceras para expulsar a los ciclistas de ellas. También en las aceras-bici para lo mismo y para que los peatones recuperemos el espacio que, en beneficio de las bicis, nos arrebataron los ayuntamientos enrolladitos y a la moda presionados por el lobby ciclista del ca-rril-bi-ci-ya, también conocido por el carrilbiciyaísmo.

(La nueva señal la puedo incluir por cortesía de Txarli, de su blog El carril-bici es el opio del pueblo ciclista)


(Pincha en la imagen para ampliarla)

4/11/11

"La prepotencia de los ciclistas de acera"


Revista de prensa

Copio por segundo día consecutivo otro artículo del blog de Eneko Astigarraga Bicicletas, ciudades, viajes…, hoy el titulado La prepotencia de los ciclistas de acera, publicado el 2-11-11.

(La letra en negrita en algunos párrafos es mía).

«Estamos presenciando en los últimos meses un proceso evolutivo entre los "ciclistas de acera" (también conocidos como "cicleatones") en su actitud. Han dado un paso adelante, o una pedalada mejor dicho. Antes les valía con justificar su conducta arguyendo un miedo irracional (el miedo siempre lo es) al tráfico motorizado como fundamento para utilizar las plataformas peatonales como refugio de manera invariable y rehuir la calzada por temer su seguro deceso con tan sólo intentarlo. Hasta cierto punto justificable aunque sea de una manera subjetiva.

Ahora no. No les basta con eso. Esa etapa ya está superada y ahora, visto que además han ido ganando adeptos de manera importante ante la inoperancia de todos, ponen en tela de juicio la utilización de la calzada por los imprudentes que lo hacen y condenan como temerarios y casi incívicos a los que lo proponen como algo natural. Yo esto ya lo había "soñado" hace más de un año, en uno de los primeros artículos de este blog, pero está claro que la realidad supera cualquier imaginación por calenturienta que esta sea.

Ahora muchas de las personas que se atribuyen el derecho civil de preservar su integridad atentando contra la de los demás lo hacen además con chulería, aunque la ley no les asista y lo que condenen sea precisamente lo que prescribe la ley. A saber: que la bicicleta es un vehículo y su espacio de circulación por defecto es la calzada y que tiene prohibido circular bajo ninguna circunstancia por la acera.

Me gustaría pensar que este movimiento es una especie de insumisión ante una ley tan estúpida, por darle algún valor al asunto, otra faceta de la indignación colectiva que es tan caprichosa en sus reivindicaciones, pero me temo que no va a ser eso, sino más bien una variante de conformismo adulterado de la incuestionabilidad y la invulnerabilidad del tráfico motorizado como garante del bienestar en las ciudades a través de la ubicuidad que proporciona la movilidad compulsiva, en coche, por supuesto.

Sin embargo me temo que va más allá y que esto no es lo más llamativo de este grupo de practicantes. Lo más sorprendente es que sus argumentos no se fundamentan en datos reales sobre la siniestralidad de los "ciclistas de calzada" (pensé que nunca iba a tener que utilizar semejante término redundante). De hecho, las estadísticas nos dicen que la inmensa mayoría de los accidentes graves o mortales que se producen en la ciudad en los que se ven involucrados ciclistas tienen su origen precisamente en la práctica del ciclismo de acera, fundamentalmente en sus intersecciones con el tráfico rodado, pero estos datos, tan reales como la muerte misma, no deben parecerles suficientemente creíbles y los niegan por pasiva que es la peor de las negaciones.

No sé a dónde llegará su atrevimiento y su insolencia intimidando peatones por preservar su integridad y comprometiendo la tranquilidad y la seguridad de los viandantes, pero me temo que cuentan con el beneplácito del imperio automovilístico y esos van a utilizar a esta masa crítica para consolidar sus posiciones exclusivistas en la calzada.

De hecho, ya se ha empezado a notar también, y creo que no es una casualidad, un cambio de actitud de muchos conductores de automóviles que ahora han subido el tono de sus increpaciones y no les tiembla tanto el pulso para pegar un buen bocinazo y el consecuente acelerón con su correspondiente aspavientos.

Más vale que ahora que los colectivos ciclistas (los mismos que tan sólo hace unos meses aplaudían la pretensión de permitir de manera universal a los ciclistas circular por las aceras) han reconocido la gravedad del problema después de haberlo promovido, y confiemos en que marquen como una línea principal dentro de su plan estratégico el tema de resolver esta cuestión y empezar a atajar a este tipo de "kamikafres a pedales", aunque sólo sea porque va a llegar un momento, si no, que ellos van a ser más numerosos que los "antiguos ciclistas" (dios mío qué me está pasando) y van a poder contrarrestar sus argumentos con números, como algún ayuntamiento lo hace con sus kilómetros de "carril loquesea" o con sus usos de "bicis públicitas".»

Fin de la copia.

30/10/11

Que no se entere nuestro alcalde


(Viñeta del blog Ciudad ciclista reproducida con permiso de su autor)


¡Chiiisss...! Que no se entere don David de las intenciones de doña Ana B. de poner todo Madrid perdido de aceras-bici, como parece que ha dicho.
(Bueno, ella no lo habrá dicho así porque es muchísimo más señora que yo. Lo que habrá dicho es lo que se dijo por aquí cuando nos hicieron las aceras-bici con las que tuvieron a bien comenzar a hacernos la puñeta a los peatones —¡y viva la convivencia peatón-ciclista!—: algo como integración de la bicicleta entre los peatones, digo... en los medios de transporte).
Que no se entere, decía, don David P. o su concejal de Movimiento o Circulación o como se llame, quienes seguro que habrán "apostado" por la acera-bici, como cualquier concejal que esté al día: son capaces de tratar de imitar a la concejal madrileña, y ¿para qué querríamos más?

(Pincha en la imagen para ampliarla)