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16/4/19

Por la retaguardia

El excelente blog Aceras peatonales recoge una noticia sobre un atropello a una mujer y su nieto por otra con un patinete. El titular reza: «Primer atropello de un patinete eléctrico con consecuencias graves en Gandia en una calle peatonal».
         El atropello se produjo cuando una mujer de unos 80 años que acompañaba a su nieto al colegio fue golpeada por un patinete eléctrico conducido por otra mujer quien a su vez transportaba a su hija en el artilugio. La del patinete intentó adelantar a la anciana colándose entre ella y el niño justo en el momento en que ésta hacía un movimiento a un lado, sin ver —¡vaya, otro peatón descuidado, ¿verdá usté?— a la del patinete que, como se ha dicho, venía desde atrás.
         Es algo que he temido siempre en el caso de los c . c. a. —recuérdese: capullos ciclistas de acera— que me vienen por detrás, los temo y detesto más —que ya es decir— que a los que me vienen de frente, aparte de que aquellos te asustan, aunque no te toquen, sólo por pasarte —¡fiiiuuu!— es que a los que vienen de frente, si te pilla en un buen día les podrás hacer gestos no precisamente amistosos o gritarles a la cara que te cagas en su señor padre.

4/1/18

Revista de prensa

Copio el magnífico artículo de Eneko Astigarraga, de su blog Bicicletas, ciudades, viajes…, que titula [enlace] Desempoderar a las bicicletas en las aceras y a los coches en las calzadas.

«Parece ilegítimo, para aquellas personas que demuestran haber asumido que desempoderar al coche en la calzada es una batalla perdida o un camino demasiado largo, proponer el descabalgamiento de los ciclistas refugiados en las aceras [Las negritas son siempre del autor]. Así lo demuestra la sorpresa mezclada con indignación que exhiben esos presuntos defensores de la bicicleta cuando se les recuerda de manera amable o por vía legal que las bicicletas no pueden ni deben circular por las aceras, que les hace inferir el abandono de esa opción de movilidad en favor de otras menos deseables bajo la amenaza: "si no puedo andar por las aceras, entonces dejo la bici". Como si lo que llevan unos años haciendo, por pura inoperancia de los gobernantes de turno y por el mero hecho de haber sido consentido, fuera natural e incluso nos hicieran un favor haciéndolo.

Nunca se ha podido circular por las aceras en bicicleta. Nunca de una manera indiscriminada e incondicional, como se está haciendo hoy en día en muchas ciudades. Siempre ha sido de manera excepcional y en condiciones de excepcionalidad (paseos, parques, menores, etc.) Pero el interés y/o la cobardía de muchos políticos gobernantes y de todo el lobby empresarial y social que mantiene la industria del coche han permitido o, en muchos casos, ha fomentado esta deriva, con el objetivo de mantener la predominancia y la prioridad de elección del coche como medio de transporte, incluso asumiendo unos costes y unos daños colaterales descabellados. Esto ha generado un agravio terrible entre la mayoría peatonal, convirtiendo espacios anárquicos y tranquilos en vías de circulación, donde se ha reproducido la relación prepotente que sufrían los ciclistas por parte de los automovilistas, convirtiendo a aquellas víctimas en los actuales verdugos.
Ahora que algunos gobernantes han tratado de retomar el asunto y reconducirlo hacia donde, por lógica, nunca debería haber dejado de estar, resulta que se encuentran con resistencias por todos lados. Y se encuentran, en esto de las bicis (pero si habláramos del transporte público la tesitura no cambiaría mucho), con resistencias no ya sólo del conservadurismo "autocrático" (de auto) clásico representado por todo ese lobby que defiende el uso del coche a capa y espada, sino ahora también con toda esa gente que se ha incorporado al uso de la bicicleta de manera anómala e irregular y que no sabe ni quiere saber nada de otra cosa que no sea circular por carriles bici y por aceras y parques, sea en las condiciones que sea.

Esa es la situación, ese es el reto y esta es la encomienda: hay que recordar a la población en general que el uso abusivo que se está haciendo del coche en la ciudad es insostenible y que las calles no deberían servir principalmente para circular y aparcar coches, motos o bicis, sino para aprovecharlas para realizar la vida pública en condiciones agradables, seguras, limpias e igualitarias. Y, puestos en ello, deberíamos recordar que, aunque las bicicletas sean más bienvenidas que los automóviles, que las motos y que los buses, deben respetar esta encomienda y cooperar en la amabilización de las calles, en el calmado del tráfico, en el respeto escrupuloso e incondicional de las aceras, de las plazas y de los parques como espacios sin circulación. Y luego estarán las excepciones.

Así pues, queridísimos y queridísimas ciclistas con vocación de peatones, no vamos a contar con vosotras ni con vosotros en esta misión, porque, aunque os sintáis víctimas de un engaño histórico que os hizo creer que andar en bici de cualquier manera era bueno así porque sí, queremos que sepáis que vuestra práctica no es bienvenida en la ciudad del futuro, que es esa donde el coche no va a ser aceptado y donde las bicicletas y el transporte público van a rendir pleitesía incondicional a las personas de a pie. Vuestra insumisión la tomaremos como una resistencia al cambio, normal pero no deseable, y por tanto trabajaremos para desautorizaros por medios asertivos o coercitivos, si los primeros no funcionan, que, visto lo visto, parece que va a ser que no.
Pero no va a bastar sólo con trabajar contra esta práctica generalizada. Hay que empezar desempoderando a los automovilistas, sean conductores de coches, de motos, de furgos o de buses, en la calzada, donde nunca debieron haber sido tan poderosos. Recordando, vigilando y castigando si es caso las malas prácticas. Controlando velocidades, conductas, faltas de respeto, pretensiones y cualquier indicio de violencia vial.

Otro día hablamos de patinetes, scooters, bicis, sillas, coches y camiones eléctricos, si os parece. Mis mejores deseos para el fin de año».

Fin de la transcripción. Insistimos: ¡Bicicletas por las aceras, no!

28/12/15

"Aceras peligrosas"

Revista de prensa

Es el título de una breve y muy interesante carta de una lectora que publica hoy El País. Esto va bien: creo que cada vez somos más los que nos rebelamos contra la peste del ciclismo de acera. La copio íntegra.

«Niños, o lo que caiga, atropellados en las aceras por vehículos a motor: motos, bicicletas eléctricas. También bicis clásicas y monopatines. ¿Por qué hay que caminar mirando qué vehículo sortear para no acabar en el hospital? ¿Hay que llevar a los niños amarrados por las aceras? ¿No deberían ser las aceras sólo para los peatones? Caminar es lo menos contaminante, ¿por qué ya no tiene protección?— María Jesús Sánchez Carrasco. Madrid.»

3/10/15

Más besugadas ciclistas

Estaba yo esta mañana parado en una acera, cerca de una esquina, cuando veo a tres c . c. a. —recuérdese: capullos ciclistas de acera— dar la vuelta a aquella. No sé cual habrá sido la cara que he puesto, si de terror o de echar fuego por los ojos, porque uno de ellos, jovencillo, me ha dicho algo así como que: "te has quedado contento, ¿eh?", así, con tuteo incluido. No le he contestado porque, evidentemente, iba de provocación, pero me he quedado pensando que el muy imbécil, ya desde corta edad imita a los c. c. a. en su insolencia y en creerse cargados de razón por lo guays que son. Para más inri, el incidente ha tenido lugar a la puerta de un supermercado: nada extraño que hubieran atropellado a alguien al salir de él.

23/6/15

Revista de prensa

De El País del 21/06/15, el artículo de Carlos Boyero titulado Ciclistas:

«Aseguran que andar por las aceras, aunque la contaminación seque la garganta, activa la circulación de la sangre y también es higiénico para el espíritu. Lo que no nos cuentan los médicos y las autoridades que velan por la seguridad en las calles es que pasear se ha convertido en algo peligroso para la integridad física. No ya porque choquen en plan tanqueta contigo los infinitos viandantes que van mirando una pantalla que al parecer contiene todas las esencias y los misterios del universo, sino porque te atropellen esos ciclistas con gesto ecologista y convencidos de que son lo más guay o los motoristas que tienen alergia a la calzada y prefieren rugir por las aceras asustando viejas. Y juro que jamás he visto a ningún policía municipal colocándoles una multa o disuadiéndoles suave o contundentemente de la impune caza al transeúnte.

Y, por supuesto, defiendo el derecho de los que aspiran a ser clónicos de Eddy Merckx, o aguerridos militantes contra la contaminación, o simplemente porque les resulta la forma más grata de desplazarse o de hacer ejercicio, a que dispongan de carriles para su uso exclusivo, pero también que los peatones les soltemos una hostia sin consecuencias penales a los que nos pueden atropellar porque les resulta cómodo o lo dictan sus genitales. Y veo que el nuevo alcalde de Valencia se desplaza en bicicleta, como ha hecho siempre. Admito que la imagen es pintoresca, pero sería deseable que le entrullaran si no respeta las normas y pedalea por las aceras en plan alcalde y con los guardaespaldas corriendo detrás.

Qué enternecedora la imagen de Carmena y Colau viajando en metro. Lo que no entiendo es qué hacían los fotógrafos y las cámaras filmando su forma cotidiana de viajar. Solo les faltaba llevar en su regazo a un bebé negro o danzar con los inmigrantes. Lo dice alguien que se alegra de su victoria, pero que siempre ha odiado eso que definen como hacer política y asesoría de imagen.»

18/3/15

Otro más contra las bicicletas por las aceras

Revista de prensa

Copio una breve carta publicada hoy en El País, con la que compruebo que quizás no esté uno tan aislado en la lucha contra esa práctica, aberrante y consentida por las enrolladitas autoridades, de la circulación por las aceras.

«Alicia Sánchez Sanz expresa su deseo en una carta al director [aquí], que con motivo de la ampliación de las estaciones Bici-Mad, que las bicicletas no tomen las aceras. Por desgracia, hay muchas zonas de Madrid en donde las bicicletas ya las han tomado. ¡Y cualquiera les recrimina o les dice algo! Se revuelven contra ti como unos energúmenos y te llaman de todo. Y lo peor es que están convencidos de que por ir en bicicleta —no importa por donde— son unos ciudadanos modélicos, que a diferencia de otros no contaminan, y que además tienen todo el derecho del mundo a ir por donde quieran. Yo, que soy un peatón empedernido —no tengo coche ni carné—, lo sé por propia experiencia.—
José Antonio Pozo Maqueda. Madrid.»

3/1/15

Más besugadas ciclistas

1. Volvía yo, creo que el 31 de diciembre, —por una especie de camino (Monte de Esparteros)— de una caminata, andando a paso rápido en paralelo a una valla o alambrada que separa el camino de una carretera —no estoy seguro de si la M 406—. A mi derecha, hasta la valla, no más de ½ metro, y a mi izquierda un espacio de —calculado sobre el plano— más de 15 metros, sin nadie que viniera de frente, al menos de cerca. Pues en estas condiciones, de repente dos ciclistos
Si se puede hablar de 'modistos' también se podrá hacerlo de 'ciclistos' y, mejor aún, por otros motivos, de 'ciclistos'
me adelantan, pero no por los más de 15 metros que tenían para hacerlo a mi izquierda sino por el ½ metro libre, es un decir, a mi derecha, entre mi cuerpo serrano y la valla, con el riesgo de golpearme. Besugadas como éstas te las puedes encontrar con los ciclistos en cualquier momento, algo que no me preocuparía si no las hicieran en aceras (¿para cuándo la autoridad competente —otro decir— les va a hacer bajar de ellas?) ni en zonas peatonales. Y es que la tal autoridad en vez de adornarse tanto con la promoción de bicis y otras ecologías debería enseñar a quienes pretenden usarlas a hacerlo como es debido —por supuesto, nunca por las aceras—, porque gran parte de los que van en bici no tienen ni repajolera idea.

2. Hoy. Por la av. de Lisboa, muy cerca de la de Los Castillos, veo venir a un ciclista por la acera justo frente a mí, pero no me aparto porque no me da la gana, además tiene espacio para sortearme, como, por otra parte hacen tantas veces los capullos ciclistas de acera. Al llegar a mi altura, el tipo se para y me interpela: "¿Quiere que me caiga de la bici, señor?". Yo no es eso lo que quiero, sino que me deje paso, que sea él quien ceda, pero me limito a contestarle que por "la acera no se puede ir con la bicicleta".
"...coches, bla bla bla...", dice el menda. Y yo: "¡Por la acera, no!". "bla bla bla" . "¡¡¡Por la acera, no!!!". "...". O sea que, no es sólo que el tiparraco circule por la acera sino que es el peatón el que le tiene que dejar paso.

3. También hoy, una hora más tarde. Av. de La Libertad pares esq. a Inspector J. A. Bueno impares. Por el paso de peatones con semáforo me cruzo con un ciclisto al que había visto venir por la acera. Se da la circunstancia de que, paralelo a la acera, a unos pocos metros, está el tan anhelado carril bici, expedito. Pues este c. c. a. tenía que ir por la acera.

8/12/13

Empecinarse


La foto la publicó ayer El País y corresponde a la calle Preciados de Madrid el pasado viernes 6, tarde. Yo pasé por esa calle el martes 3 —no por gusto sino por compromiso: si puedo evitar pasar por el centro de Madrid en estas fechas, incluso en otras, lo evito—, ya de anochecida, y no había semejante aglomeración, pero tampoco estaba la calle como para correr ni mucho menos. El caso es que, yendo yo dirección Sol-Callao, a paso de procesión como era inevitable, vi venir una bicicleta —imposible que fuera a una velocidad más de la necesaria para mantener el equilibrio— justo frente a mí. En unos segundos nos vimos enfrentados, sin ningún otro peatón por medio, y durante unos segundos también dudé si apartarme o pararme hasta que la menda ciclista echara pie a tierra y nos cruzáramos. Opté, como pude, por lo primero para no liarla. La cuestión es: hace falta ser idiota para empeñarse en circular en bici entre esa aglomeración. Es más, es muy probable que en el bochinche del viernes que recoge la foto no faltara algún ciclista guay de acera, teniendo en cuenta que la plaga va en aumento.

4/12/13

Que no, ciclistas de acera: no cuela

Esta mañana, en una caminata, un ciclista de acera me ha rebasado cuando cruzaba por el paso de cebra en la av. del Pinar esquina con Inspector J. A. Bueno. Me he fijado en el recorrido que llevaba el andóbal y antes de llegar yo a la mitad de la distancia entre Inspector J. A. B. y la bocacalle siguiente, Parque Cabañeros —en el plano figura con el nombre antiguo de General Varela—, llegaba el invasor de aceras a la av. de Leganés. Allí giró a la derecha —seguía por la acera, naturalmente—, y lo perdí de vista. ¡Ojalá haya pisado una chucha de perro y se haya pegado un guarrazo con un buen susto! Sin lesiones, por favor.

Pues bien, teniendo en cuenta los siguientes datos:


a) mi velocidad de marcha rápida es de 5 km/h
b) esa mitad de la distancia, medida sobre un plano, es de 55 m
c) la distancia desde Inspector hasta la av. de Leganés es de 225 m,


un sencillo cálculo nos da que la velocidad del ciclista sería de más de cuatro veces la mía, o séase de más de 20 km/h.

Pero sea lo que se quiera de estos cálculos, la velocidad de una bicicleta tiene que ser como poco de 8 a 10 km/h, lo mínimo para mantener el equilibrio, unas 2 veces la velocidad de peatón, y eso a paso más bien rápido, a paso de caminata, porque si es a paso de paseo o de una persona que no quiere o no puede andar más rápido, esa velocidad de 8 a 10 km/h puede suponer hasta el cuádruple. Por tanto, déjense de tratar de vendernos la bici los ciclistas de acera diciendo que van a velocidad moderada o a paso de peatón y que controlan: es una falacia; son ganas de defender lo indefendible.

14/11/13

Dos besugos en bici

Iba yo esta mañana —9:40— por la av. de Leganés, dirección este-oeste, por el tramo entre c. del Yunque y c. Hormigoneras, cuando he visto venir a una pareja de una y uno en bicicleta por la misma acera, por el tramo de c. del Mazo y Hormigoneras. "A ver qué hacen esos cuando lleguen a la rotonda", me he dicho. Pues bien, han cruzado la c. Hormigoneras por el paso de cebra, a lomos de la bici, y se han dispuesto a cruzar al otro lado de la av. de Leganés por el paso de cebra, y, sin bajarse de la bici, han intentado el cruce. Imposible que el coche que llegaba a su altura por su izquierda los viera, como sí, sin embargo, podría haber visto a un peatón que estuviera al borde del paso para iniciar la misma maniobra. Al no cederles el coche el paso (como deben de pensar —cual genuinos ciclistas de acera que serán— que tenía que haber hecho el conductor), han empezado a hacer aspavientos de protesta, y no se si alguna protesta verbal. El caso es que yo ya he rebasado el lugar del incidente sin que haya podido ver cómo terminaba el asunto, aunque sí me ha parecido que la ciclista y el ciclisto conseguían cruzar sin apearse del burro, digo de la bici, escurriéndose como besugos entre dos coches parados en el cruce por la incorporación a la rotonda.
          Pero vamos a ver, capullos: 1º Por la acera no se circula en bici. Pero, 2º, aunque se circule, que no se puede, que no se debe, que la acera es territorio exclusivo de peatones, lo que no se puede tampoco es irrumpir en un paso de cebra pretendiendo que los coches te van a ver como ven a un peatón esperando para cruzar. Y es que, estos capullos ciclistas de acera se sienten cargados de razón, porque no echan humo como los coches: ¡se creen peatones en bici! Cicleatones les llaman algunos.

5/7/13

Los plastas ciclistas de acera

Revista de prensa

Sobre una viñeta de Forges de hoy en El País.

19/6/13

Por la banqueta, no

Copio del blog Bicicletas, ciudades, viajes… la siguiente imagen que, junto con otra, el autor, Eneko Astigarraga, a su vez ha copiado de un blog ciclista mejicano: bicionudos.


Pues eso: Bicicletas por las "banquetas", no.

P. S. Por cierto, no está mal. Y además circula por el lado derecho de la acera, como tiene que ser, no como la que viene de frente.

12/6/13

¡Qué guay que soy: en bici por la acera voy!

(Escrito ayer, 11/06/13). Voy andando por la acera y, por mi izquierda, de frente, vienen dos hombres, a la par. Cuando nos cruzamos, por el poco espacio entre ellos y yo me rebasa desde atrás una capulla ciclista de acera, con mi consiguiente sobresalto. Para los que venían de frente a mí, y por tanto frente a la ciclista gilipollas, no les ha supuesto ningún sobresalto —supongo—, aunque incordio seguro que sí, porque la han debido de ver llegar. Pero es que la muy idiota ni siquiera ha tenido el detalle de dar tiempo a que los otros dos y yo nos cruzáramos para que así le quedara sitio para pasar. No, la muy estúpida —por cierto: ¡no se qué se protege con el casco que llevaba como no sea un exiguo cerebro!— ha tenido que pasar entre los tres. Episodios como estos y de consecuencias mucho más graves es lo que nos espera con la cabronada de la Degeté, de hecho ya en vigor, de permitir el tránsito de los biciguays por las aceras.

P. S. Espero que la inefable Degeté no se apropie del título de este comentario y lo adopte como lema para animar a los ciclistas invasores.

3/6/13

Un día triste: el crimen de la Degeté contra el peatón se consuma

Hoy aparece la noticia en el periódico: Tráfico ultima la reforma del Código de Circulación. Una de las medidas previstas, que ya se venía oyendo desde hace tiempo, pero que uno tenía la —ligera— esperanza de que no llegara a perpetrarse, consiste en que "los ciclistas podrán circular por las aceras de más de tres metros de anchura". Nada, no ha habido forma, al final el lobby ciclista se ha salido con la suya, y la autoridad competente ha visto el cielo abierto: ¡más espacio para los coches!, ¡menos estorbos en la calzada! El crimen es enorme por mucho que dispongan que es en aceras de más de tres metros y aunque dispongan que la bicicleta tendrá que circular a no se qué distancia de la fachada y dar preferencia al peatón y no sé cuantas milongas por el estilo: el ciclista hará lo que le salga, de hecho ya está ocurriendo ahora aun sin estar legalizada la circulación por la acera, cuanto más cuando tengan la ley de su parte.
          Por si la medida no fuera suficientemente exasperante, de esas situaciones ante las que no uno se ve impotente contra la estupidez, la noticia comenta que la obligatoriedad de usar casco en la bici es "la novedad más controvertida" de la reforma del código. Fíjense no más: el peatón, ya suficientemente acoquinado en la ciudad, sufre un nuevo, y gravísimo, atropello en lo que debería ser territorio sagrado para él, y resulta que la medida más polémica es la del casco.
          ¡Qué cabronada de la Degeté y sus compinches, y qué sociedad borreguil a la que le importa un comino que las bicicletas circulen por las aceras!

26/5/13

Sobre los paraísos ciclistas nórdicos

Es fama en el mundo entero la ejemplaridad de ciudades como Amsterdam y otras nórdicas en el uso de bicicletas: "todo el mundo va en bici", dice el tópico. Y puede que el tópico se aproxime a lo verdadero, pero lo que no se suele decir es a costa de qué todo el mundo va en bici, que no es, según me parece, tanto a costa de los autos como de los peatones. Extraigo algunos párrafos de un artículo del blog Bicicletas, ciudades, viajes... Para el artículo completo puede consultarse: Son vikingos, son personas.

«[...]

Hablamos de Copenhague. Pero daría igual que nos fijáramos en cualquier otro pretendido paraíso ciclista en el pretendido mundo civilizado de la Europa Central y Nórdica. Para que nos demos por enterados: allá también hay problemas de convivencia con las bicis y entre las bicis. El debate está en los tabloides: los ciclistas muestran una prepotencia y una agresividad preocupantes. [negrita del autor]

Basta con aterrizar en cualquier ciudad ciclista y tratar de caminar o conducir algo que no sea una bici. Los ciclistas allá arriba intimidan, tocan el timbre y resultan amenazantes para el que no comparte su opción. Pero también para el que la comparte y no la practica con ese ímpetu y determinación con la que ellos y ellas reman en sus ciclonaves. Palabra.

Es condición humana, por supuesto, pero hay que dejar constancia de ello porque muchas veces nos abducen con todo su aparato mediático y su pose altiva y pretenciosa. Allá también andan a bocinazos aunque no toquen la bocina, allá también muestran la faceta más depredadora de la circulación, allá también se aprovechan de las prebendas para intimidar al prójimo, sea correligionario o no.

[...]».

3/5/13

"Bicicletas despóticas"


Revista de prensa

En escasas ocasiones he leído a Arcadi Espada desde que hace años dejó de publicar en El País. Por eso, al artículo que copio a continuación he llegado indirectamente, a través de otro blog, CIUDAD CICLISTA, que frecuento. Puedo decir que estoy de acuerdo con él prácticamente en su totalidad. Había pensado en destacar las frases —con cursiva— que considero un gran acierto de expresión, pero he desistido porque se me empezaban a amontonar, así es que lo trascribo tal cual.

«Hay ciertos consensos transversales que mejor no te atrevas a tocar. Uno es la licencia para atentar contra la propiedad intelectual de los otros. Otro es la bicicleta. Esta mañana, donde Herrera, salía nuestro andaluz profesional a defender las virtudes del mecanismo, porque al parecer pedalea cada mañana durante ciento cincuenta metros, de casita a la radio, con el iPod en el oído susurrándole alegrías tirititrán, mientras respira a pleno pulmón azahar y sevillanismo. Naturalmente esa experiencia no tiene nada que ver con la bicicleta sino con el nivel de vida. Y nada que ver con la experiencia urbana de la bicicleta en ciudades como Barcelona. Toda la buena prensa del ingenio se basa en su presunta fragilidad, humanísima, frente al automóvil. En esas comparaciones, ¿quién no podría apostar por la forma alada de vivir y deslizarse? Pero esa no es la comparación ni adecuada ni real. El uso urbano de la bicicleta se ha generalizado a costa del espacio del peatón, que no del espacio del automóvil. La bicicleta y los ciclistas, infectados de la superioridad moral ecológica, que destaca por desdeñosa e irracional entre las de su gremio, se han añadido como un consistente peligro más a la azarosa vida del paseante urbano. Con una particularidad desastrosa: las reglas que ha de cumplir el ciclista son mucho más porosas, flexibles y opinables que las que debe cumplir el automovilista. La incertidumbre del andarín ha crecido de un modo muy desagradable. Pero guárdate de decirlo, johnnie walker: pocos casos tan nítidos como el de la bicicleta para ilustrar que el principal instrumento del despotismo es hacerse la víctima».

28/4/13

"[...] por donde [...]"

"Yo voy por donde me sale de los huevos" ha sido esta mañana la respuesta de un ciclista de acera (también conocidos por: capullos ciclistas de acera) al que le he gritado: "¡Por la acera, no!", al rebasarme en la avenida de Lisboa.

8/4/13

Otra de ciclistas de acera

Hace unas horas he venido de la calle y he presenciado cómo un ciclista de acera ha estado a punto de atropellar a un peatón. Ha sido en una de las esquinas de Inspector Juan Antonio Bueno con Parque Bujaruelo. El ciclista circulaba por la acera, para más inri pegado a la fachada, y el peatón por su lado derecho. Al doblar éste la esquina no se ha chocado con el capullo ciclista de acera —en adelante, c. c. a.— por 2 segundos o puede que por 1. Por unos segundos —ya digo, 2 como máximo— el c. c. a. ha pasado por delante de las narices del peatón. Si éste se hubiera adelantado 2 segundos o el c. c. a. se hubiera retrasado lo mismo, atropello seguro. Un atropello ecológico, eso sí.

3/4/13

Cacas y bicis

Como un nubarrón obscuro y siniestro que amenaza con descargar, cada vez más cercano se cierne sobre las cabezas de los peatones el cambio del reglamento de la DEGETÉ que permitirá la circulación de bicicletas por las aceras. Eso sí: a consecuencia de la negociación con lobbys ciclistas será una circulación muy reglada y controlada y, sobre todo, confiada al sentido común de los ciclistas: que si a tal velocidad, que si en aceras de tal anchura. En fin problemas y molestias para el peatón, expulsado poco a poco de su territorio natural que es la acera. Uno de esos problemas será el siguiente:
Si usted, señor peatón, va andando por la acera, mucho cuidado con desviarse de la línea recta sin mirar antes hacia atrás para ver si viene alguna bicicleta. Si, ante la necesidad de desviarse para evitar un charco o una baldosa en mal estado o una cagada de perro, no mira antes, puesto que los peatones no solemos llevar espejos retrovisores ni tenemos ojos en el cogote, le podría atropellar un ciclista. Una concurrencia infame como se ve entre ciclistas de acera y amos de perros guarros. Lo de 'guarros' va por los amos: los perros no tienen obligaciones.
(De hecho, este atentado contra el peatón ya se da porque los ciclistas de acera ahora mismo circulan por ellas cuando les da la gana, con el consentimiento de la enrolladita autoridad, pero en adelante, si se perpetra el disparate con que amenaza la Degeté, lo podrán hacer amparados por la ley).

21/3/13

La DGT permitirá el acoso ciclista a los peatones

Creo que voy a hacer una propuesta a la enrolladita Degeté para una nueva señal de tráfico que sirva de aviso a peatones, ante la medida que piensan perpetrar de permitir la circulación de bicicletas por las aceras. La he compuesto como he podido —o séase una chapuza, pero ellos sabrán mejorarla— sobre una imagen incluida en el blog losdialogosdepeaton.