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20/10/15

La Fiesta Nacional

En el cruce de la av. de Los Castillos con la av. de Lisboa colocó el ayuntamiento hace unos meses un cartelón publicitario —en medio de la rotonda— sobre una operación de asfaltado de algunas calles. Hace unos días, tal vez dos semanas, fue sustituido por otro a propósito del día de la hispanidad. El problema es que no hay tal día, porque el 12 de octubre está declarado Fiesta Nacional de España, sin referencia a hispanidad alguna, en la ley 18/1987, de 7 de octubre, que en un artículo único reza: "Se declara Fiesta Nacional de España, a todos los efectos, el día 12 de octubre". Lo que pasa es que hay políticos, periodistas, etc. que, o bien porque son más papistas que el Papa o por pura ignorancia siguen hablando de hispanidad. Aquí tenemos como ejemplo al alcalde de Alcorcón. O al presidente Rajoy, que el 12 de octubre publicó un artículo en El País hablando de lo hispano, o algo así porque sólo leí el título en la edición digital —Somos los hispanos de Europa— y un ladillo o sumario o como se diga en jerga periodística: "En el Día de la Hispanidad, los hispanos de Europa, unidos, subrayamos lo que somos y lo que debemos a los de América. Es hora de dar las gracias". Fíjense nomás: tras 500 años desde el Descubrimiento dice que es hora de dar las gracias.
         Pero en fin, el 12 de octubre ¿qué es lo que en realidad se conmemora?... porque no sólo en el artículo único de la ley se elude hablar de la hispanidad sino que ni siquiera en el preámbulo se habla tampoco de ello. Lo que sí me parece que queda claro en éste son los eufemismos y rodeos que se dan para no mencionar ni descubrimiento ni hispanidad ni encuentro —o encontronazo— de culturas. Copio el penúltimo párrafo de la exposición de motivos de la ley.
«La fecha elegida, el 12 de octubre, simboliza la efemérides histórica en la que España, a punto de concluir un proceso de construcción del Estado a partir de nuestra pluralidad cultural y política, y la integración de los Reinos de España en una misma Monarquía, inicia un período de proyección lingüística y cultural más allá de los límites europeos».
¡Genial!: a la conquista de aquellas tierras lo llaman "proyección lingüística y cultural". Como se ve, tampoco se puede entender la fecha como la de la fundación de la nación española —algo así como el nacimiento de una persona a partir del cual cumpliría años— puesto que ya es España el sujeto de "la efemérides histórica": no puede ser, al mismo tiempo, España la que funda y la fundada.
         ¡Ojo! No es que uno desee ni pretenda una fiesta nacional con motivos más claros, más arraigada, que dé lugar a una exaltación del patriotismo, como parece que ocurre —"parece", que luego vaya usted a saber: a lo mejor hay de todo— en países como Francia, con su 14 de julio, como su fecha fundacional, en conmemoración de la toma de la Bastilla, o como los USA, el 4 del mismo mes, como día de la independencia. ¡No sino todo lo contrario!: si tiene que haber un himno —por favor, que siga sin letra— y una bandera y un Jefe de estado y una Fiesta Nacional, ¿qué le vamos a hacer?, pero que sea ésta de las que más desapercibidas pasen, de las más pequeñitas, que sea poco más que un pretexto para un puente festivo.

(La foto que sigue —mala, pero no he podido hacer otra cosa— del cartelón publicitario la tomé ayer lunes 19, es decir una semana después de la conmemoración. El texto dice: El pueblo de Alcorcón a la nación española. Día de la Hispanidad).


5/12/12

Fruta del tiempo

Donde Georges Brassens, en La mauvaise réputation, decía —dice— "Le jour du Quatorze Juillet", o séase lo que la Francia moderna fecha como nacimiento, aplicado a España bien podría referirse a la fiesta de mañana, la de la Constitución. He aquí la famosa canción:

               Au village, sans prétention,
               j'ai mauvaise reputation:
               qu' je m' démèn' ou qu' je reste coi,
               je pass' pour un je-ne-se-sais-quoi.

               Je ne fait pourtant de tort à personne
               en suivant mon ch'min de petit bonhomme.
               Mais les brav's gens n'aiment pas que
               l'on suiv' une autre route qu'eux.
               Non, les brav's gens n'aiment pas que
               l'on suiv' une autre route qu' eux.

               Tout le monde médit de moi.
               Sauf les muets —ça va de soi.

               Le jour du Quatorze Juillet
               je reste dans mon lit douillet:
               la musique qui march' au pas,
               cela ne me regarde pas.

               Je ne fais pourtant de tort à personne
               en n'écoutant pas le clairon qui sonne.
               Mais les brav's gens n'aiment pas que
               l'on suiv' une autre route qu'eux.
               Non, les brav's gens n'aiment pas que
               l'on suiv' une autre route qu' eux.

               Tout le monde me montr' au doigt.
               Sauf les manchots —ça va de soi.

               Quand j' crois' un voleur malchanceux
               poursuivi par un cul-terreux,
               j' lanc' la patte et —pourquoi le tair'—
               le cul-terreux se r'trouv' par terr'.

               Je ne fait pourtant de tort à personne
               en laissant courir les voleurs de pommes.
               Mais les brav's gens n'aiment pas que
               l'on suiv' une autre route qu'eux.
               Non, les brav's gens n'aiment pas que
               l'on suiv' une autre route qu' eux.

               Tout le monde se rue sur moi.
               Sauf les culs-d'-jatt' —ça va de soi.

               Pas besoin d'être Jérémie
               pour d'viner l' sort qui m' est promis:
               s' ils trouv'nt une cord' à leur goût,
               ils me la passeront au cou.

               Je ne fait pourtant de tort à personne
               en suivant les ch'mins qui n' mèn'nt pas à Rome.
               Mais les brav's gens n'aiment pas que
               l'on suiv' une autre route qu'eux.
               Non, les brav's gens n'aiment pas que
               l'on suiv' une autre route qu' eux.

               Tout l' mond' viendra me voir pendu.
               Sauf les aveugl's —bien entendu.

A continuación mi traducción personal, puramente literal, hecha con mis muy limitados y lejanos conocimientos del francés y con la ayuda imprescindible del diccionario. Mi traducción, como no he podido hacer de otra manera, no se atiene ni a rima ni ritmo originales. En realidad, a rima ninguna: si alguna hubiera sería resultado de la casualidad. Pero, eso sí, me lo he pasado bien copiando el original y traduciendo.

                      En el pueblo, sin pretensión,
                      tengo mala reputación:
                      aunque me mueva o quieto me esté,
                      paso por un yo-no-sé-qué.

                      Yo no hago sin embargo daño a nadie
                      siguiendo mi camino de pequeño buen hombre.
                      Pero las buenas gentes no quieren que
                      se siga otro camino sino es el suyo.
                      No, las buenas gentes no quieren que
                      se siga otro camino sino es el suyo.

                      Todo el mundo murmura de mí.
                      Salvo los mudos —claro está.

                      La fiesta del Catorce de Julio
                      me quedo en mi mullida cama:
                      la música de desfile,
                      eso no me interesa

                      Yo no hago sin embargo daño a nadie
                      por no escuchar la trompeta que suena.
                      Pero las buenas gentes no quieren que
                      se siga otro camino sino es el suyo.
                      No, las buenas gentes no quieren que
                      se siga otro camino sino es el suyo.

                      Todo el mundo me señala con el dedo.
                      Salvo los mancos —claro está.

                      Si me cruzo con un desventurado ladrón
                      perseguido por un culo-tierra,
                      yo meto el pie y —por qué no decirlo—
                      el culo-tierra cae por tierra.

                      Yo no hago sin embargo daño a nadie
                      dejando correr a los robaperas.
                      Pero las buenas gentes no quieren que
                      se siga otro camino sino es el suyo.
                      No, las buenas gentes no quieren que
                      se siga otro camino sino es el suyo.

                      Todo el mundo se lanza sobre mí.
                      Salvo los culos-de-taza —claro está.

                      No hace falta ser un profeta
                      para adivinar la suerte que me espera:
                      si encuentran una cuerda a su gusto,
                      me la pondrán al cuello.

                      Yo no hago sin embargo daño a nadie
                      siguiendo caminos que no llevan a Roma.
                      Pero las buenas gentes no quieren que
                      se siga otro camino sino es el suyo.
                      No, las buenas gentes no quieren que
                      se siga otro camino sino es el suyo.
                      Todo el mundo vendrá a verme ahorcado.
                      Salvo los ciegos —bien entendido.

9/10/09

Diálogo

[I]

   —¿Qué miras tanto para arriba, Epi?
   —¡Ah, hola, Concha!: es que llevo un buen rato observando cómo pasan helicópteros (¡qué exhibición de potencia y eficacia!), del ejército, me parece, y que creo recordar que el viernes pasado ocurrió lo mismo. Sin poderlo evitar, me estaba acordando de aquella película sobre el apocalipsis en que una flota se dedicaba a achicharrar aldeas...
   —¡Qué exagerado eres! ¿Que no sabes que el lunes es Doce de octubre?
   —¡Ah, claro! [Que no se me olvide felicitar a tía Pili y a la parienta]... Pero tú lo que quieres decir es que es el Día de la Raza, ¿no?
   —¡Sí, hombre! ¡Por dónde sales! Pero es que tú no has evolucionado nada, ¿eh? No estás al día: ¿no te has enterado de que ya no se llama así, que desde que pasamos de Dictadura a Democracia es el día de la Fiesta Nacional?
   —Bueno, se llame como se quiera la dichosa fiesta, tú me dirás qué hacen los aviones sobrevolando este pueblo y dando la matraca desde hace varias horas.
   —Pues que, supongo, estos cielos son algo así como una ruta aérea para tales artilugios y que están ensayando para la Gran Parada militar, aquello que el año pasado el prohombre de la oposición se dejó decir que le parecía... [un "coñazo"]
   —Sí, ya me acuerdo. Pues se podían ir a hacer los simulacros de guerritas o del desfile de la Victoria...
   —¡Y dale...!
   —...a otra parte.
                  
Otros diálogos
(II), (III), (IV), (V), (VI), (VII), (VIII), (IX), (X), (XI), (XII)